Existen personas con hipersensibilidad ambiental
múltiple que necesitan entornos naturales limpios para sobrevivir. Sin embargo,
las grandes ciudades, la contaminación, las antenas que nos rodean o incluso las
productos químicos de limpieza o algunos componentes de la ropa pueden
perjudicar la salud. Por ello, es fundamental la existencia de unos espacios,
denominados Zonas Blancas, que estén limpios de polución
Como
expertos en salud ambiental observamos que las personas con hipersensibilidad
ambiental múltiple necesitan un entorno natural limpio para sobrevivir. La
invasión de tecnologías agresivas en el hábitat residencial está generando
múltiples patologías de etiología medioambiental y crea la necesidad de buscar
espacios libres de polución. Nuestra salud depende de la calidad ambiental. Si
dormimos mal y nos despertamos cansados y confusos cada mañana, sin causa
objetiva, posiblemente estamos en un entorno nocivo, con factores ambientales
perjudiciales para la salud, es decir, tenemos el enemigo en casa.
Como impartimos, ya en 1997, en un
postgrado que tuve el honor de coordinar en la Universidad Politécnica de
Barcelona, la existencia de domopatías en nuestro dormitorio o puesto de trabajo
puede afectar a la salud, especialmente al sistema inmunitario y al equilibrio
neurológico.
En particular, la polución
electromagnética de alta frecuencia de la telefonía móvil ha llevado a muchos
afectados de Electrosensibilidad (o électro-hypersensibilité, EHS) a
emigrar de las ciudades para buscar las denominadas Zonas Blancas (ya existentes
en Suecia, Canadá y Francia) e, incluso, a algunos les lleva a vivir bajo
tierra, en una bodega, o incluso en una cueva, para poder dormir y superar la
sintomatología del síndrome de las microondas.
Según datos de Francia (Next-Up,
Dr. Roger Santini) la EHS afecta ya al 14% de la población, aunque sólo 3-4% lo
manifiesta, y globalmente se puede prever que el 50% de la población será
electrosensible en veinte años. En Francia esta alarma social se concreta en la
creación del primer Ecovillage Zone blanche-zone santé (Ecovilla zona
blanca-zona salud) destinado a la recuperación de las personas
electrohipersensibles (electro-hypersensibilité EHS).
Por otro lado, surge la preocupación por
la contaminación química ambiental. Se asocian vecinos para protestar por el
ruido de las discotecas y los aeropuertos y surgen entidades que denuncian la
intoxicación crónica por el mercurio, presente en las amalgamas y vacunas, y
cada vez más en el pescado.
Respondiendo a una demanda creciente de
los afectados, el grupo de expertos de Domosalud está estudiando una normativa
que determine qué se considera una Zona Blanca (qué debe ser) y proponer su
reconocimiento ante la Administración.
Coherente con la visión holística del
Manifiesto de Barcelonapensamos que las Zonas Blancas deben contemplar los
criterios ambientales de la Bäubiologie (biología del hábitat o
bioconstrucción) y responder también a las necesidades de otros colectivos con
hipersensibilidad ambiental, como los afectados de sensibilidad química, fatiga
crónica, fibromialgia, asma o alergias, pues todos ellos necesitan un entorno
limpio para vivir.
La salud ambiental exige una visión global
y multidisciplinar, pues el problema ambiental es siempre multifactorial
(químico, eléctrico, biológico, acústico, etc.) porque si sólo consideramos el
impacto del mercurio o de las antenas de telefonía no ayudamos suficientemente a
la salud.
Hipersensibilidad ambiental
Existe un amplio consenso en la comunidad
científica sobre que la difusión en el ambiente de los productos derivados del
petróleo desde mediados del siglo XX ha contribuido a los fenómenos de
sensibilización ambiental. En la misma época se populariza el automóvil, aparece
la televisión y se inicia la revolución de los electrodomésticos, con lo que la
electricidad también invade nuestras casas, aparecen los plásticos, la melamina,
el aglomerado y, paralelamente, con la revolución de los sistemas de
construcción, aparece el síndrome del edificio enfermo.
En los últimos años, observamos en nuestra
actividad profesional un incremento exponencial de afecciones de origen
ambiental, en ocasiones crónicas y graves, que pueden afectar a una cuarta parte
de la población y se concretan en diversas manifestaciones clínicas, trastornos
neuropsiquiátricos, trastornos cardiovasculares, trastornos reumáticos,
trastornos alérgicos y por hipersensibilidad, además de lipoatrofia,
fibromialgia, fatiga crónica, sonosensibilidad, electrosensibilidad y otras
patologías emergentes de clara etiología medioambiental.
Al analizar las condiciones ambientales de
los afectados observamos con frecuencia una clara relación temporal y espacial
entre la aparición de estas dolencias y la concurrencia de factores ambientales
nocivos, como contaminación eléctrica y magnética, físico/química, acústica y
vibratoria, biológica y, cada vez más, las patologías del edificio enfermo.
Desde los años 80, en mi experiencia como
domoterapeuta, he encontrado casos que se salen de lo normal. Una persona que
presenta un complejo cuadro de sensibilidad química múltiple,
electrosensibilidad y síndrome de fatiga crónica. Su capacidad está muy limitada
y apenas sale de casa, pues caminar más de diez minutos sobre el asfalto es un
esfuerzo a veces insuperable. Sin embargo, esta persona pasa unos días en el
Pirineo y allí no se ahoga, no se marea, no se fatiga y sus piernas pueden
llevarla sin dificultad hasta la cascada, disfrutando de la montaña. Es evidente
la diferencia de respuesta fisiológica entre el entorno urbano y la naturaleza.
Quizás lo primero en percibirse sea la pureza del aire, con polución cero, pero
tampoco hay ruido ni tráfico, torres de alta tensión ni antenas de telefonía.
Este no es un caso aislado, y cada vez son
más los clientes que acuden a nuestro gabinete con cuadros de hipersensibilidad
ambiental. Están afectados por domopatías, la vida les resulta imposible en su
entorno habitual, y algunos llegan a abandonar casa y trabajo para encontrar un
lugar limpio y sano lejos de la ciudad.
Más serios son los casos de la chica
burbuja de Valencia o la editora del blog mi-estrella-de-mar que
prácticamente no pueden salir de casa, a pesar de usar mascarilla y tomar
múltiples precauciones frente a la polución.
Todos ellos son casos que se caracterizan
por la respuesta de hipersensibilidad ante factores ambientales muy comunes en
nuestra vida cotidiana. Les afectan el sol, la luz intensa, los ruidos y los
olores fuertes (lejía, suavizante, limpiadores, disolventes, perfumes). No
pueden utilizar el teléfono móvil ni el ordenador y tienen serias molestias con
los aparatos eléctricos en general. Casi todas estas personas son excesivamente
sensibles al frío y al calor, como al tacto de ciertos materiales y tiene que
ser muy selectivas con su vestuario o los materiales de su entorno, evitando
todos los productos artificiales, en particular la química de síntesis y los
derivados del petróleo.
Según nuestra observación, estos cuadros
pueden aparecer de forma aguda a partir de una exposición intensa y puntual,
como una intoxicación por el mercurio de una amalgama, un lugar de trabajo con
excesiva carga tóxica, una fumigación o un accidente industrial. En otros casos,
surge de modo solapado, tras un largo goteo de exposiciones débiles y repetidas,
que se producen de manera inadvertida, crónica y habitual.
El desencadenante puede ser un cambio en
el trabajo o la renovación del piso con materiales modernos como PVC, pladur o
parket sintético. En otros ha sido la mudanza a las cercanías de una fábrica, la
instalación de una antena de telefonía cerca de la vivienda o la nueva red
wifi en el colegio donde trabaja.
Todos estos afectados de hipersensibilidad
ambiental necesitan Zonas Blancas donde vivir, de sombra radioeléctrica, sin
líneas de alta tensión, sin chimeneas, tráfico, ruido y, sobre todo, un entorno
libre de químicos tóxicos.
En esta línea de trabajo es de agradecer
la investigación del doctor Fernández-Solá y su equipo del Hospital Clínic de
Barcelona con las patologías emergentes, como el síndrome de fatiga crónica, la
electrosensibilidad y la sensibilidad química múltiple, que se recoge en un
libro de próxima publicación.
Patologías ambientales
Desde mediados del siglo XX somos
conscientes de la creciente polución química, inicialmente contaminación
atmosférica, pues un progreso tecnológico incontrolado ha traído el humo de las
fábricas y el escape de los coches hasta nuestro hábitat, una polución material
que podemos ver, oler y mascar. Somos apenas conscientes de la polución
vibratoria, ruido y vibraciones que, si bien podemos captar por el oído, llegan
a ser imperceptibles por el hábito y sólo somos conscientes cuando surge el
silencio.
Por otro lado, nos invaden ondas
electromagnéticas en la calle, la casa y el trabajo, penetran nuestro cuerpo y
nuestro cerebro, incluso la barrera hematoencefálica, pero nuestros sentidos no
nos alertan de esta polución invisible e inmaterial. Y como consecuencia de esta
creciente polución del entorno habitable encontramos cuadros de
hipersensibilidad a factores ambientales múltiples, sensibilidad química,
biológica, electromagnética, acústica, lumínica y otras enfermedades emergentes
hasta hace poco desconocidas. Todos somos sensibles en algún grado, pero no
reaccionamos igual ante los agentes nocivos. Mientras unos presentan un cuadro
de sensibilidad que le causa molestias menores, otros desarrollan patologías
serias que les inhabilitan e incluso ponen en peligro su vida.
El origen de la sensibilidad química
múltiple se relaciona con la exposición a fuentes de contaminación bien
conocidas, como la polución por amianto, fibra de vidrio, CFC, metales pesados
(mercurio, plomo, cadmio, zinc, etc.), benceno, ftalatos, formaldehído,
organoclorados, radón, etc. Y el cuadro se agrava por el consumo de agua y
alimentos desnaturalizados, o contaminados, especialmente por hormonas,
pesticidas y abonos, mercurio y otros metales pesados.
A menudo, la calidad del aire es peor en
los espacios cerrados, edificios demasiado herméticos, por la presencia de
materiales nocivos, productos de limpieza o por los sistemas de climatización.
El informe Greenpeace sobre el polvo doméstico encuentra más de cien productos
químicos tóxicos dentro de nuestras casas, a veces en triple concentración, que
en la atmósfera del exterior.
La reciente epidemia de lipoatrofia
semicircularis en edificios emblemáticos de Barcelona ha puesto de relieve que
cierta arquitectura moderna, excesivamente tecnificada, resulta realmente
inhabitable y estamos creando edificios enfermos. La observación de cómo se
disuelve la grasa corporal, creando una depresión visible y palpable, ha
generado una gran alarma social. Debemos investigar si esas condiciones
laborales nocivas, en primer lugar los campos eléctricos y magnéticos, pueden
afectar también otras grasas más vitales como la mielina del sistema nervioso.
A finales del siglo XX surge una gran
alarma social por las líneas eléctricas de alta tensión o las subestaciones
transformadoras, con miles de kilovoltios, que causan importantes efectos
bioeléctricos, como informa el Instituto Karolinska, relacionados con leucemia
infantil y cáncer de cerebro.
Y más recientemente surge una gran
preocupación por la presencia de las antenas de telefonía móvil, una red que
invade todo el territorio, a veces al otro lado de nuestra ventana, e introduce
radiofrecuencias (microondas pulsantes) que están creando daños neurológicos
identificables con el síndrome de las microondas, ya estudiado por los rusos en
los años 70 en operadores de radar.
El contrato programa que las operadoras de
telefonía tienen con el Ministerio de Industria les obliga a eliminar las Zonas
Blancas estableciendo la plena cobertura en todo el territorio nacional como un
servicio público.
Precisamente, esto es lo que los
colectivos de afectados quieren evitar, exigiendo el reconocimiento oficial por
parte del Estado de las patologías de hipersensibilidad ambiental y promoviendo
los cambios legislativos que sean necesarios.
Criterios de Zona Blanca
Para definir qué debe ser una Zona Blanca,
el equipo de expertos de Domosalud establece criterios geográficos, distancias
de seguridad y criterios arquitectónicos, puesto que la mayor afectación viene
muchas veces de los edificios enfermos (SEE).
El proyecto de investigación Zona
Blanca-Zona Salud propone identificar los factores ambientales nocivos más
reactivos, y definir los límites máximos aceptables para sujetos afectados de
Hipersensibilidad Ambiental Múltiple, proporcionando una guía práctica para el
establecimiento de zonas limpias de polución.
De la misma manera que los parques
naturales, una figura legal para la protección de un territorio y de las
especies de flora y fauna, las Zonas Blancas deben ser la fórmula legal para
reservar espacios protegidos para la supervivencia de los humanos
hipersensibles.
Definimos una Zona Blanca como un espacio
natural y limpio, suficientemente extenso para evitar las inmisiones nocivas.
Por lo tanto, debe ser un terreno aislado, sin ninguna industria o construcción
visible, preferentemente en terreno quebrado, donde el propio relieve crea un
microclima, y excluye la visión directa del emisor contaminante.
Debe estudiarse el sustrato geológico y
evitar los terrenos muy radiactivos, donde dominan las cuarcitas y granitos,
prefiriendo las calizas o margas, pues la radiactividad natural o artificial es
la radiación más peligrosa. Idealmente, la Zona Blanca debería estar ubicada en
un ecosistema natural protegido, inmediato a un parque natural o reserva
biológica, en un entorno de mar, bosque, o montaña. Debe respetar una distancia
de seguridad a los principales focos de polución. En este recuadro se señalan
las más preocupantes.
Aunque el objetivo ideal debe ser la
Polución Cero, esto es poco viable en un planeta demasiado contaminado, pues
incluso se ha encontrado DDT en la grasa de los osos polares. Por lo tanto,
proponemos límites prácticos, con varios niveles, para los diversos tipos de
polución de acuerdo a los criterios de la Bäubiologie (standard
SBM-2008). Una metodología para la casa sana que se expone en el Master de
Bäubiologie, IBN, que desde octubre pasado impartimos por primera vez en lengua
castellana. Gracias a la iniciativa del Instituto de Tecnología de Lleida, con
el respaldo académico de la Universitat de Lleida, y según define el Institut
für Bäubiologie und Öekologie IBN de Alemania, desde 1983.
Con estos criterios biológicos se definen
cómo deben ser las construcciones, con instalaciones biocompatibles, evitando la
polución química y materiales nocivos, estableciendo control de olores,
definiendo un protocolo limpio para limpieza y mantenimiento. Y, por supuesto,
la Zona Blanca será un entorno con exclusión total de polución acústica y
contaminación electromagnética, considerando los CEM internos o externos. De
acuerdo a los criterios ecológicos debe lograrse también la mayor integración en
el paisaje, y tener un desarrollo sostenible con el menor impacto ambiental
(huella ecológica) para lograr una autosuficiencia alimentaria y energética.
Esperamos que la propuesta de Domosalud
suscite interés social, queremos aportar una esperanza a miles de afectados
(como la chica burbuja de Valencia) que no saben dónde vivir, y necesitamos
encontrar lugares limpios donde ubicar una Zona Blanca y también esperamos
apoyos para su desarrollo.
Dicha zona puede ser un entorno
terapéutico temporal para recuperar la salud de las personas hipersensibles pero
debemos evitar que se convierta en un gueto para segregar a los afectados que no
encajan en el sistema de salud.
Áreas Blancas
Para muchas personas sensibles es
imposible, en la práctica, esa huida a la naturaleza para vivir en una Zona
Blanca, en los Pirineos o en la Serranía de Ronda, simplemente porque deben
atender sus compromisos cotidianos, como escuela, familia o trabajo y tiene que
permanecer en la ciudad a pesar de la polución.
Por eso, definimos el concepto más cercano
y habitual de Área Blanca, un criterio de calidad ambiental que puede aplicarse
en el entorno urbano, desde una guardería o un ambulatorio, hasta una casa rural
o balneario y, sobre todo, en las viviendas.
La normativa de Domosalud propone como
Área Blanca cualquier hábitat artificial donde se respetan, en lo posible, los
criterios ambientales de las Zonas Blancas. Del mismo modo que tenemos zonas de
no fumadores, éste será un espacio sin humo, sin olores, sin tóxicos, sin ruido
y también sin radiaciones. Esto puede exigir sistemas de blindaje físico de las
radiaciones (microwave filter), un escudo frente a las radiaciones
recomendado por Next-Up (France) y también aislamiento acústico, filtrado y
purificación del aire respirable y del agua potable, el uso de iluminación
biodinámica y otros equipamientos para garantizar la calidad ambiental interior.
Es nuestra praxis habitual, cuando es
necesario por existir sujetos hipersensibles, ancianos o niños, para proteger
las viviendas de las inmisiones nocivas. Crear un Área Blanca en la casa exige
la aplicación de criterios biológicos en la construcción, según la
Bäubiologie, como la exclusión de materiales de construcción tóxicos,
especialmente los radiactivos, y la realización de instalaciones biocompatibles.
Una vez definidos y aceptados los
criterios de Áreas Blancas podrán generalizarse como una referencia de
salubridad ambiental, y aplicarse a los centros médicos, en particular a
quirófanos, neonatos, UCI, UVI, etc. Y también a todos los espacios sensibles
como guarderías, escuelas, asilos, hoteles, balnearios, etc.
Como plantea la Bioconstrucción, estos
criterios de Áreas Blancas deben aplicarse habitualmente en la construcción de
todas las viviendas, con mayor exigencia en los dormitorios, garantizando el
descanso y la salud de toda la población.
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