os
preguntamos en qué momento de la vida de un ser humano surge la inquietud,
necesidad, deseo o búsqueda interior de Despertar. Y, por cierto, ¿qué es
Despertar? Y por el contrario,
¿qué es estar dormido, vivir dormido?
Voy a contaros mi propia experiencia en este proceso de
Despertar. Lo escribo desde el deseo que os sirva, lectores y lectoras, de
reflejo, de aporte de luz o entendimiento del propio proceso de cada uno de
vosotras y vosotros.
Para que ello resulte nos tenemos que poner de acuerdo. Para
evitar caer en el mundo, a veces limitado de las palabras escritas, cuando
hablamos de la Presencia. Las palabras constituyen una buena herramienta para la
transmisión de la enseñanza, pero son solamente señales. Señales que indican:
«Es por allí».
Entrar en el presente
Son como un mapa, que si no utilizas para ir o moverte hacia
algún lugar, no tiene ningún valor.
Por tanto, sería beneficioso que nos pusiéramos de acuerdo.
Por mi parte, me comprometo a intentar escribir desde el estado de Presencia,
desde la Conciencia, desde el Ser, la Esencia, el Alma…de nuevo palabras. Cada
uno que se quede con la que le sea más fácil entrar porque de eso se trata,
simplemente, de entrar en el momento presente.
Y eso es lo que os voy a proponer que hagáis durante la
lectura de este artículo: que entréis. Entrad en el momento presente, ahora.
Para ello, hay que poner atención a la postura del cuerpo. ¿Estáis sentados?
Atención a los puntos de apoyo del cuerpo, al peso de vuestro cuerpo, al
volumen, al espacio que ocupáis. Dedicad unos breves segundos a ello. ¿Podéis
también percibir el movimiento de vuestra respiración en el interior del cuerpo?
Sin modificar nada, dejando que sea como es, observándolo a la vez que leéis
estas letras, sin exigencias, cada uno como pueda.
Ya estáis presentes, ya habéis entrado en el momento
presente. ¡Atentos! Es muy fácil perder el contacto.
Inicié mi trayectoria de auto-descubrimiento y crecimiento
personal hace más de 16 años. Comenzó como una necesidad en forma de inquietud
que me llevaba a buscar. En los profundos cambios que ha habido en mi vida,
siempre ha existido este previo en forma de intensa inquietud, nada fácil de
vivir por su densidad, pero que, a su vez, me ha servido de resorte para ir
hacia algo que me ha ayudado a Despertar paulatinamente.
Durante la ruta, he ido encontrando, y encuentro sin duda,
las personas, libros y experiencias que he ido necesitando. Los mapas, las
señales que me ofrecían ir ampliando mi Presencia. Así, hace ya más de 8 años,
un buen amigo me regaló el libro de Eckhart Tolle, «El poder del ahora»,
diciéndome a su vez: «Si aprendes lo que se dice en este libro, ya lo has
aprendido todo en esta vida».
Debía estar preparada para recibirlo, debía ser mi momento
porque enseguida supe y sentí la profunda verdad que contenía aquel libro.
No siempre es así en todos los casos. A veces, llegan las
señales de la mano de alguien y la persona no está preparada todavía, su espacio
de Presencia es escaso y la mente domina la situación, dándole un sinfín de
argumentos, juicios y contrariedades de lo que está leyendo o escuchando.
Si esto ocurre, lo que yo sugiero es que lo olvide, por el
momento. La pista es la lucha. Cualquier cosa que suene a lucha, conmigo mismo o
con el exterior, que tenga forma de dialéctica filosófica, de discusión, es lo
de siempre, más de lo mismo.
La enseñanza, venga de la fuente que venga, siempre es
verdadera. Si estamos Presentes y Despiertos, lo sabemos aunque desde otro
lugar, desde otro tipo de saber. Es por ello que cuando detectemos que nos
ponemos a discutir, interna o externamente, cuando escuchemos la música de «esto
no es así y es de otra forma y yo lo sé y tú no» o algo parecido, hay que estar
atentos porque ya estaremos como siempre. Observad la «música» de la discusión o
la queja, sea cual sea el contenido, la melodía interna es siempre la misma.
Algo que he aprendido y considero muy importante transmitir
es que la vivencia de Despertar, de vivir desde la Presencia, es una experiencia
totalmente desconocida por la mayoría de nosotros. No sabemos cómo es, no
sabemos cómo evoluciona, ni tenemos ni idea de cómo se consiguen transformar las
heridas y las densidades internas y liberarnos. Es algo que sucede de una forma,
insisto, que no conocemos.
No se trata de una evolución como la mente proyecta o
entiende que es una evolución. Es otra cosa. Y aunque es posible explicarlo, lo
cierto es que lo único que sirve para comprenderlo verdaderamente es
experimentarlo. Y se experimenta practicando. Practicando cada día de tu vida,
haciendo del Despertar el principal propósito de tu vida.
Adaptación
A menudo, durante el camino, aparecen conflictos en forma de
ideas, preguntas que lo ponen todo en duda, enfados y agresividad en mayor o
menor intensidad. Sí, a veces complican la práctica pero forman parte del mismo
proceso.
La mente, la maravillosa herramienta que es la mente, también
necesita adaptarse a esta nueva forma de estar en el mundo y requiere su propia
adaptación. De nuevo, el permiso y dejar de luchar es la pauta más útil.
La rendición, como dice Marina Borruso, no es nada más que
reconocer que ahora las cosas son como son, ahora, en este mismo instante. Ello
no quiere decir que sean siempre así o que tenga que conformarme con una
situación que me hace daño. No, no es eso. La energía de la rendición interna
tiene un enorme poder.
Y cuando te rindes, en un movimiento interno de dejarte estar
a lo que es, solamente a lo que ya es, entras en una vibración distinta, en la
vibración de la Presencia. Y desde ahí, la acción surge de otra forma, desde
otro lugar. Y la vida, como dice Eckhart, se presenta benevolente.
En mi caso lo que ha ocurrido es que, a partir de cierto
momento, la Presencia ha ido ampliando su espacio en mi vida de una forma
natural y espontánea. Para mí, vivir presente es la mejor aportación a la
humanidad, además de procurarme la mejor forma de vida que he conocido nunca.
Se trata de estar, de apoyarte en un lugar interno sin
juicio, donde hay un espacio de inmensa (nunca mejor dicho) paz. Un lugar donde
pierden importancia todas aquellas ideas y pensamientos limitantes,
destructivos, sufrientes. Una dimensión donde puedes relacionarte con la vida y
las personas de otra forma. Se trata también de recuperar una mirada limpia, que
surge desde dentro y se percibe fuera. Como la mirada de un bebé, sin juicio,
con alegría, despierta.
Ahora también me doy cuenta de que las dificultades vividas
durante el camino son parte indivisible de este crecimiento. Las dificultades
pueden presentarse en cualquier forma: desesperanza, desasosiego, dolor
psicológico-emocional-físico (suelen ir en conjunto) en cualquier forma. Lo que
he llegado a comprender profundamente es que todas esas formas que aparecen nos
ofrecen una oportunidad: la posibilidad de transmutarlas, de transformarlas en
lo que en su esencia son: formas de vida.
Os contaba como este proceso de Despertar al Presente ha
afectado a mi forma de vivir. También, claro está, ha influenciado en mi enfoque
profesional. Como base «técnica» de mi trabajo uso la Terapia Gestalt y las
Flores de Bach. Trabajar también desde la Presencia con mis pacientes y
participantes en los talleres nos ha aportado a todos mayor profundidad y
beneficios.
El camino ha sido y es complementar y unificar ambos
enfoques. En ocasiones, también las dificultades han venido a visitarme,
explicándome no sé cuantas patrañas en forma de incompatibilidades inexistentes.
La práctica de la presencia en las profesiones de ayuda, sea
cual sea la técnica que utilices, constituye una hermosa y sorprendente
experiencia en los procesos de transformación.
Es muy sanador poder relacionarse con el otro desde ese
espacio tan amplio sin juicio. Se vivencian situaciones maravillosas, aunque no
como la mente, vuestra mente o la mía, pueden imaginar. De nuevo recordaros que
el camino de Despertar y los profundos cambios que experimentas ocurren de forma
muy distinta, sin tener nada que ver con lo que podemos proyectar o con lo que
conocemos.
Marina Borruso, maestra de la que os he hablado antes, es
quien me enseña a ir practicando estar en este lugar en la relación con el otro,
sea personal o profesional.
Para terminar, explicaros el papel fundamental y las
posibilidades que el contacto con la naturaleza me ha aportado en esta andadura.
Suelo decir que, si esta práctica tuviera un templo, éste sería la naturaleza.
La naturaleza es pura Presencia. El árbol, la flor, el animal, la piedra, todos
ellos son también formas de vida, de energía, que al no tener mente, están en
ese espacio de forma continuada.
Recomiendo caminar o estar en la naturaleza en silencio,
observar cualquier pequeño o gran espacio que allí se nos ofrece en contacto con
la respiración. Deteniéndote a observar los pensamientos que continuamente
aparecen en un continuo girar en la mente. Permitiéndolos ser, también, como
formas de vida que son. Dejándolos pasar (lo hacen rápidamente) como si fueran
nubes que van pasando arrastradas por el viento.
Percibe todo el movimiento que sucede en el interior del
cuerpo mientras estás en la compañía de la presencia de la naturaleza.
También se trata de una ofrenda, de un intercambio que la
misma tierra, la misma naturaleza, necesita y agradece. Tiene que ver con lo que
físicos y científicos afirman: «El objeto observado se modifica y transforma
según la calidad del observador».
Y a su vez, devuelve al observador la misma calidad de
relación. Probadlo, experimentadlo, si queréis. Observad a la naturaleza,
escucharla, sentirla, vivirla, en contacto con ese espacio interior. No hay nada
más que hacer, sólo estar. Y después apartarse cuando la presencia aparezca.
La labor es también acceder a ese mismo lugar en medio de una
ciudad o en cualquier otra parte. Es posible, y de hecho es el trabajo que todos
los seres humanos sin excepción hemos de hacer. Llevar la Conciencia, la
Presencia al mundo material, al mundo de la forma.
Por cierto, ¿estás todavía en contacto con el interior de tu
cuerpo después de leer este escrito? ¿Has podido mantener una parte de tu
atención dentro? No importa que sí o que no. Hazlo ahora. Vuelve ahí. Observa la
respiración y especialmente el espacio que se da entre inspiración y expiración.
Ya, vuelves a estar. Este el trabajo, nada más.