Cada día cobra mayor interés la acción de los campos de
energía y de las radiaciones sobre el medio ambiente y la salud humana.
Hace tiempo, fue noticia en los medios de comunicación la férrea
oposición de la población de Tarifa al tendido de una red de cables
de alta tensión sobre su demarcación por los peligros que entendían
que podría acarrear sobre la salud de sus habitantes y el consiguiente
deterioro del medio ambiente. La existencia de casas en las que la enfermedad
y la desgracia se abaten sobre todos los que las habitan es conocida desde siempre,
existiendo muchas obras escritas al respecto que estudian el problema, y así
se habla de casas malditas, casas que matan, etc., atribuyendo en los últimos
tiempos la causa de estos problemas a la presencia en ellas de disturbios en
las emisiones debidas a la energía telúrica o a radiaciones de
otro tipo, nocivas para sus habitantes.
Aunque parezca mentira, los efectos de los campos de energía sobre los
seres vivos se conocen desde los tiempos prehistóricos, seguramente de
forma intuitiva por el íntimo contacto en que vivían los seres
humanos con la naturaleza. Ya entonces buscaban con sumo cuidado los lugares
donde iban a habitar, pues sabían que era fundamental para su bienestar
y su vida. Posiblemente los menhires, dólmenes y otros monumentos prehistóricos
descubiertos en las excavaciones arqueológicas sirviesen para marcar
y armonizar la emisión de estas radiaciones, si bien ello constituye
aún un misterio para nuestra civilización.
Las culturas antiguas poseían importantes conocimientos sobre los efectos
de las radiaciones y campos de energía en la salud de los seres humanos,
siendo particularmente los egipcios y los chinos los que más sabían
al respecto, aunque la mayoría de su saber se ha perdido en el transcurso
de las edades y sólo nos ha llegado una parte mínima de él.
Cabe destacar en todos ellos la enorme preocupación por la elección
de los lugares para construir los pueblos y las ciudades, así como las
viviendas, de tal manera que no construían los edificios en cualquier
lugar, sino obedeciendo a una serie de reglas muy precisas y experimentadas
en el transcurso del tiempo. En la antigua China existía un edicto imperial,
atribuido al mítico emperador YU, que se refería al FENG-SUI o
arte de la GEOMANCIA, donde se establecían las normas y las condiciones
que debía reunir un terreno en el que se deseaba edificar una casa, establo,
etc. y que un geomante (arquitecto, médico, filósofo) debía
examinar previamente para detectar, por medios radiestésicos, si estaba
surcado por lo que ellos llamaban “venas de dragón” y “salidas
de los demonios”, en cuyo caso nunca se debería habitar.
Es sabido también que los romanos, antes de construir una ciudad, acotaban
un determinado lugar e introducían en él rebaños de ovejas
durante un año, al cabo del cual las sacrificaban y examinaban sus vísceras,
particularmente el hígado. Si presentaba buen aspecto construían
la ciudad; si no, se iban a otro lugar.
No cabe ninguna duda de que, desde la más remota antigüedad, se
conoce que “el ser humano es un microcosmos que obedece a las leyes del
Cosmos” y que “el ser humano está sometido al Cielo y a la
Tierra”.
En la comprensión del inmenso saber encerrado en estas dos sencillas
frases se encuentran las claves de este conocimiento ancestral, muy bien aplicado
por las civilizaciones de la antigüedad y por los constructores de las
catedrales en los pasados siglos, pero desgraciadamente perdido desde la época
de la revolución industrial y que tratan de recuperar, estudiar e investigar
ciencias como la Geobiología, Domología, Radiestesia, Radiónica,
Medicinas Naturales y otras en estos últimos años.
ONDAS Y RADIACIONES NOCIVAS
Los seres vivos están inmersos en un inmenso mar de energía y
radiaciones, unas naturales y otras artificiales creadas por el desarrollo tecnológico
en este último siglo, que van a tener una gran importancia en la salud
y en la enfermedad.
Jacques La Maya las define como “ondas surgidas de anomalías del
subsuelo, corrientes telúricas o causas diversas naturales o artificiales,
transportadas por ondas portadoras también propagadas por el subsuelo,
que modifican el ritmo vibratorio de los seres vivos provocándoles desequilibrios
oscilatorios perjudiciales para su salud”.
Su conocimiento se debe a una serie de investigadores entre los que cabe destacar
a Bélizal, Chaumery, Morel, Turenne, Enel, Lafforest, La Foyé,
el Grupo Ark’all y a otros muchos. No obstante, lo menos conocido es cómo
actúan para minar la salud de los seres vivos y en particular de los
humanos. Se debe a Georges LAKHOVSKY, físico y biólogo ruso, el
haberlo descubierto en su mayor parte, en los años 20.
Según este investigador, las células de los seres vivos se comportan
como osciladores de radiofrecuencia, es decir, como estaciones de radio capaces
de emitir y recibir radiaciones y ondas, por lo que gracias a ello pueden recibir
y transmitir información, de modo similar a como se transmiten las ondas
de radiofrecuencia, que van a interaccionar con los grandes campos de radiaciones
y ondas a los que están sometidos todos los seres vivos. Fundamentalmente
son:
• Radiaciones Cósmicas. Las que provienen del sol, de la luna,
de los planetas y satélites de nuestro sistema y las que nos llegan de
las estrellas y resto del universo.
• Radiaciones Telúricas. Proceden del planeta que habitamos y se
originan de diversas fuentes:
a) De la energía desprendida por el núcleo ígneo del planeta.
b) De las producidas por la lenta descomposición de la materia.
c) De la propia radioactividad natural.
d) De la reflexión de las radiaciones cósmicas sobre la corteza
terrestre.
Muy bien estudiadas, desde el punto de vista de la geobiología, por tres
médicos alemanes: Peyré, Hartmann y Curry, quienes han descubierto
sus propiedades, efectos y propagación. Nos enseñan que la energía
telúrica se propaga desde el interior del planeta hacia el exterior en
forma de redes cuadriculadas. Red Hartmann, Red Curry y Red de Peyré.
Su conocimiento permite detectar los lugares buenos o nefastos para habitar.
• Radiaciones Artificiales. Fundamentalmente de tipo electromagnético
y radioactivas. Son las creadas por el progreso humano.
• Emisiones de Forma. Son las debidas a la interacción de las formas
geométricas planas o de volumen con las ondas y radiaciones comprendidas
en el espectro electromagnético. Aunque se conocen desde la antigüedad,
su modo y mecanismo de acción es aun un misterio que en estos últimos
años la ciencia trata de desentrañar.
• Emisiones Abstractas. Constituyen un grupo, utilizado a modo de cajón
de sastre, que engloba una serie de emisiones nocivas para la salud, que no
pueden ser explicadas por la ciencia y que entran de lleno en el campo de la
parapsicología. Pertenecen a este grupo las remanencias del pasado, las
vampirizaciones, los objetos malditos, animales y vegetales productores de nocividad
y mala suerte, la memoria de las paredes y objetos de un determinado edificio,
los lugares hechizados, etc.
Como puede apreciarse, abarcan un amplísimo campo de acción donde
se manifiestan sus efectos. Serán beneficiosas cuando estén en
armonía con los códigos vibracionales de los seres humanos y nocivas
cuando los interfieran.
MODO DE ACCIÓN DE LAS RADIACIONES NOCIVAS
La acción de los campos de energía y radiaciones a los que están
sometidos todos los seres vivos es esencial, pues son indispensables para que
la vida pueda manifestarse en la materia.
Aceptando que la vida es la manifestación de la Energía Universal
que emana del Ser Supremo, es posible admitir que los seres vivos, al menos
lo que se conoce por vida en la tierra, constituyen la materialización
de esa Energía que emana del Creador manifestándose en multitud
de formas y niveles evolutivos que energéticamente se caracterizan por
sus distintos grados vibracionales, desde su nivel más sutil hasta el
más grosero, pues hasta lo que se conoce como materia densa no es otra
cosa que energía en su nivel más denso de vibración.
Así pues, de acuerdo con Lakhovsky, puede decirse que:
1) La vida nace de la radiación y es mantenida por ella.
2) La salud existe cuando hay armonía y equilibrio en las oscilaciones
y radiaciones de los seres vivos.
3) La enfermedad es provocada por el desequilibrio e interferencia en la oscilación
celular de los seres vivos.
4) La muerte es la ausencia total de radiación y oscilación celular.
Esto quiere decir que la vida es posible gracias a la radiación de la
energía vibrante, fundamentalmente a la originada por las radiaciones
cósmicas y las telúricas, que al incidir sobre la materia orgánica
produce fenómenos de interacción con los elementos vibrantes de
los seres vivos. Si son armónicas con sus frecuencias de oscilación
celular, producen en ellos efectos beneficiosos sobre su vida y estado de salud,
hablándose en este caso de “Radiaciones Benéficas”.
No obstante, ocurre muchas veces que los campos de energía vibrante que
inciden sobre los seres vivos no son armónicos con los códigos
frecuenciales de sus células, sino interferentes. Entonces se produce
atenuación y dificultad en la oscilación celular, por lo que el
ser vivo que está sometido a esta condición ha de poner en marcha
todos los mecanismos energéticos que posee para oponerse a la acción
de este campo energético vibracional interferente que trata de bloquear
la vibración y oscilación de sus células, por lo tanto
de su energía vital. A estas radiaciones se las conoce como Ondas o Radiaciones
nocivas, porque al interferir la oscilación celular impiden la vida,
agotando poco a poco las reservas energéticas del ser vivo sometido a
ellas y provocándole en más o menos tiempo la enfermedad y hasta
la muerte.
Pero además existe un elemento: el agua, que es el que se encuentra en
mayor proporción en todos los seres vivos, lo que no es una casualidad
porque gracias a sus propiedades físico-químicas, hace posible
que la vida pueda manifestarse en la materia. Esto se debe a los movimientos
propios de sus moléculas, que oscilan a frecuencias vibracionales altísimas,
aproximadamente entre 1012 y 1014 Hertzios, y a su curioso comportamiento como
disolvente en las múltiples soluciones que existen en la materia orgánica,
lo que se ha descubierto hace años estudiando la dinámica de soluciones
acuosas mediante Espectroscopia Raman. Gracias a ello es posible comprender
algunas cosas de las que suceden en la materia orgánica, entre ellas
la acción de la terapia homeopática.
Es como si el agua se comportase como un microchip de ordenador capaz de almacenar
información en forma de códigos vibracionales que vendrían
dados por las sustancias que contiene en solución.
Además el agua es particularmente sensible a los campos electromagnéticos,
cuando contiene en solución a otros elementos, lo que la hace sensible
a la acción de la energía cósmica y telúrica, así
como a las demás que inciden en los seres vivos. Si los campos de energía
radiante que recibe tienen una frecuencia análoga a la que ella vibra
en el organismo, todo va bien porque se estimulan y amplifican las vibraciones
celulares, lo que influye positivamente en la salud y en su vida, pero si son
distintas se interfieren y se provoca un cambio de sus frecuencias con lo que
se interfieren y atenúan las del ser vivo en cuestión y se origina
un debilitamiento del mismo, apareciendo en él la enfermedad y si no
se corrige el problema, la muerte. Es como si el agua orgánica actuase
como convertidor de información y frecuencias entre los campos de energía
vibracional y las células del ser vivo.
Sin embargo existe otro factor importante a tener en cuenta dentro del modo
de acción de las radiaciones nocivas en los seres vivos, al menos en
los humanos: el desequilibrio e interferencia de sus cuerpos sutiles ocultos,
fundamentalmente el Etérico o Bioplasma, lo que se realiza a través
de los chakras o centros de comunicación existentes entre ellos, por
fenómenos de interferencia o bloqueo. Esto, si bien no es aceptado por
la ciencia ortodoxa, es interesante tenerlo en cuenta porque explica la acción
sobre el organismo de las Emisiones de Forma y de las Abstractas, cuya acción
no puede explicar la ciencia, pero que pueden producir grandes desastres sobre
la salud. Se abre aquí un interesante y atractivo campo de investigación
que debería explorarse, pues de ello puede depender no sólo la
salud de nuestros hijos y nietos, sino posiblemente la vida en nuestro planeta.
LA ACCIÓN DE LAS RADIACIONES NOCIVAS
Es bastante difícil saber cuándo estamos sometidos a la acción
de radiaciones naturales o artificiales nocivas para nuestra salud, pues los
signos y síntomas que producen son similares a los de muchas enfermedades,
es decir completamente inespecíficos.
No obstante puede sospecharse que estamos sometidos a la acción de este
tipo de radiaciones cuando habiendo estado en perfecto estado de salud y sin
que sea atribuible a otra causa, tras haber cambiado de vivienda o de lugar
de trabajo, al cabo de un determinado tiempo aparezcan síntomas tales
como debilidad y pérdida de fuerza, dolores de cabeza inexplicables,
irritabilidad exagerada, ansiedad o depresión, insomnio, pesadillas,
sudoración anormal, alergias, asma, dolores articulares, malas digestiones,
palpitaciones, calambres sin causa justificada, sensación de frío
en miembros inferiores y en espalda, sensación de electricidad en todo
el cuerpo, etc.
Seguramente, en la prehistoria los seres humanos, al vivir en íntimo
contacto con la naturaleza poseían una sensibilidad especial para saber
cuándo estaban en lugares donde existían radiaciones nocivas para
su salud, lo que se ha perdido en el transcurso de las edades, aunque se puede,
gracias a los conocimientos que nos proporciona la tecnología actual,
detectar y corregir la mayor parte de las veces la causa de estos problemas.
Por eso, cuando se padezca alguno de estos síntomas y cuando después
de ser estudiados por la medicina no sea posible encontrar su causa, debe pensarse
que pueden deberse a la acción de este tipo de radiaciones, sobre todo
si se ha cambiado de vivienda, de población, de lugar de trabajo, o si
se han instalado en la vivienda o en sus proximidades transformadores eléctricos,
antenas emisoras de radio o TV o de Telefonía Móvil, microondas,
electrodomésticos, pantallas de TV o monitores de ordenadores, muebles
metálicos, etc. En estos casos es conveniente que un especialista en
geobiología, en colaboración con un médico conocedor de
estos problemas, estudien el caso.
ENFERMEDADES Y DOLENCIAS
Para que las radiaciones nocivas lleguen a producir enfermedades es preciso
que actúen sobre los seres humanos, en general, durante mucho tiempo
y de una forma bastante continuada, pues aunque dependen también de otros
factores como son su intensidad y potencia de radiación, el organismo
posee muchas defensas que pueden neutralizarlas, al menos durante un tiempo.
Los diversos autores que han estudiado estos problemas, señalan que la
exposición a estas radiaciones puede producir enfermedades tales como
alergias y asma, depresión y ansiedad, debilidad y pérdida de
fuerza, colon irritable, estreñimiento o diarreas inexplicables, impotencia
en hombres y frigidez en mujeres, caída del cabello, enfermedades hepáticas,
muerte súbita del lactante, enuresis nocturna, etc.
Además, actúan como factor coadyuvante en el desarrollo de otras
enfermedades aunque no las originen de forma directa, como esclerosis en placas,
enfermedades cardio-vasculares, enfermedades mentales, ideas suicidas, fobias,
esquizofrenia, desdoblamiento de la personalidad, psicosis maníaco-depresiva,
cáncer y tumores de todas las clases y algunas enfermedades infecciosas.
En muchos de los puntos negros de las carreteras, donde se producen sistemáticamente
accidentes inexplicables, se ha detectado la presencia de fuertes disturbios
en la emisión de radiaciones telúricas.
Actualmente la O.M.S. recomienda quitar las líneas de alta tensión
de las zonas habitadas, porque acepta que los campos electromagnéticos
que generan pueden producir depresiones y leucemia.
NEUTRALIZACIÓN DE LOS EFECTOS DE LAS RADIACIONES
Llegados a este punto, es posible que el lector se encuentre asustado o impresionado
por lo que acaba de leer y piense que, estando rodeado por tantas radiaciones
nocivas, seguramente le alcanzará alguna y le hará enfermar. Sería
así si nuestro organismo no supiera defenderse, pero por suerte para
nosotros, posee una serie de mecanismos defensivos extraordinarios, con tal
capacidad de adaptación que puede interferir y neutralizar a estas nefastas
radiaciones. Pasa algo parecido a lo que sucede con las enfermedades infecciosas,
que su padecimiento depende por un lado de la virulencia del microbio y por
otra de la potencia inmunitaria del individuo.
En general ocurre que nuestra dinámica vital es capaz de poner en marcha
una serie de sistemas de defensa de tipo físico-químico y biológico,
que neutralizan todo tipo de agresiones a nuestro organismo, pero eso le exige
un esfuerzo suplementario que puede mantener durante un determinado tiempo,
pero no siempre, pues llegará un momento en que su capacidad defensiva
sea desbordada y sucumba ante la agresión. Por eso es preciso conocer
la existencia de estas radiaciones nocivas naturales o artificiales para huir
de ellas, y si no es posible, armonizarlas y neutralizarlas para evitar que
nos hagan enfermar y destruyan nuestra salud y nuestra vida.
Todo esto que ha sido importante hasta principios de siglo, cobra en la actualidad
una importancia especial pues a las radiaciones nocivas naturales hay que añadir
las artificiales creadas por la humanidad que en estos últimos decenios
están aumentando en progresión geométrica, lo que hace
que los seres humanos al igual que el resto de los seres vivos estemos sometidos
a una contaminación electromagnética excesiva, sin ninguna duda
nada recomendable ni para la salud ni para la vida. El progreso humano no se
va a detener por esto, aunque al mismo tiempo que causa este problema también
nos da los medios para resolverlo. Por eso es necesario estudiar e investigar
estos problemas con objeto de darles una solución, lo que gracias también
a la evolución tecnológica será posible si se toma en serio
el asunto y se investiga adecuadamente.
Generalmente donde mayor daño hacen las radiaciones nocivas es en los
lugares en los que permanecemos mucho tiempo. Son los lugares en los que pasamos
mucho tiempo, fundamentalmente donde dormimos y donde trabajamos. Lo ideal sería
realizar siempre una prevención del problema, es decir, huir siempre
de los lugares con radiaciones nocivas naturales o artificiales, pero como esto
no siempre es posible, si uno se encuentra en un lugar donde existen estas nefastas
radiaciones habrá que neutralizarlas y armonizarlas convirtiéndolas
en benéficas o al menos en indiferentes. Es recomendable:
1) En primer lugar, antes de hipotecarse para adquirir una vivienda debería
ser exigible al vendedor que mostrase un estudio geobiológico de la misma
realizado por un especialista, pero como en nuestro país no existe ninguna
obligación legal al respecto, sería aconsejable pedir a un experto
en geobiología que realice un profundo estudio de la casa y determine
si existen o no radiaciones nocivas y si se pueden neutralizar, pues existen
casas que son trampas mortales y que nunca se deberían habitar.
2) Estudiar las formas geométricas de las construcciones y su armonía
o desarmonía, así como los materiales empleados en ellas, la existencia
de redes de alta tensión, transformadores de potencia, antenas emisoras
de radio a menos de 1 Km. de distancia, planos de la instalación eléctrica
y de las tomas de tierra, etc.
3) También es de suma importancia ver un estudio geológico del
terreno en que está construida, si hay agua subterránea, pozos
o cavidades abiertas o cerradas, si hay emisiones radioactivas o emanaciones
de gas radón, etc.
Si ya se vive en una vivienda y no hay posibilidad de cambiar, se debe estudiar
la posible neutralización de estas radiaciones nocivas lo cual se puede
realizar la mayoría de las veces con éxito, si se encarga a un
especialista que conozca la geobiología y la domología, pues existen
muchos métodos eficaces de hacerlo.
Se emplea la geopuntura, circuitos oscilantes, antenas, derivaciones a tierra,
cristales de cuarzo, solenoides, pantallas metálicas, láminas
de plomo y diversos aparatos como son los dispositivos armonizadores SV2 y SV7
de Ark’all, la barra de Louksor, etc. Entre todos ellos quiero destacar
un instrumento español, el Armonizador de Radiaciones Nocivas BIZ-UR
del geobiólogo Javier Petyralanda, miembro del Instituto Científico
Multidisciplinar Jovellanos, que está dando un magnífico resultado
en la armonización de la mayoría de las radiaciones nocivas naturales
y artificiales, pues tiene una banda muy amplia de acción que cubre el
espectro de emisión de la mayor parte de ellas.
Espero haber llamado la atención del lector ante este problema pues junto
con el progreso, la contaminación electromagnética crece a un
ritmo tan vertiginoso que desborda los mecanismos de adaptación de los
seres vivientes. Por eso, el conocimiento de las radiaciones tendrá una
gran importancia no sólo en el bienestar y salud, sino hasta en la calidad
de vida de la humanidad. Hagamos de nuestras viviendas y centros de trabajo
unos lugares de salud, y de nuestro planeta un lugar de bienestar y de paz.