El dolor es un tema primordial en la medicina y su control
sigue siendo uno de los mayores desafíos con la que se encuentra el practicante
de cualquier tipo de terapia. Entre ellas, la Medicina Tradicional China (MTC,
simplemente Medicina China) es la más antigua todavía en uso, y es
constantemente renovada, lo que la convierte en el sistema de salud más experto
de la historia. Desarrollado a través de la reflexión y la observación a través
de miles de años, hoy en día todavía se usa extensamente para tratar una amplia
gama de enfermedades, entre las que destacan los diversos tipos de dolor.
Todos padecemos dolor o incapacidad en uno u otro momento de
nuestra vida. El dolor es una experiencia desagradable asociada con el daño
tisular (relativo a los tejidos del organismo) potencial o actual. Puede
aparecer por accidentes o heridas, cáncer, artritis, reumatismo, por una enorme
variedad de problemas físicos e incluso por perturbaciones psicoemocionales.
Puede afectar a la cabeza, el torso, cualquiera de las extremidades u órganos
internos, causando distintos tipos de dolor, como migraña, dolor de garganta,
dolor de hombro, dolor articular, dolor abdominal o dolor en la espalda, por
mencionar algunos de los más frecuentes.
Sea cual sea la causa, el dolor, especialmente el dolor
crónico, trasciende la simple molestia física. Limita las actividades cotidianas
y puede desgastar las capacidades funcionales del que sufre. Pero, en realidad,
el dolor es la manera en la que el cuerpo se protege de daños mayores, es un
sistema de alarma que avisa a la persona de que algo está marchando mal, llama
su atención sobre un problema posiblemente más peligroso. En este sentido
podemos decir que evitar el dolor detectando y tratando su fuente es evitar el
desarrollo de enfermedades más severas.
Las explicaciones sobre el dolor son distintas según el
paradigma médico que las ofrezca. La medicina convencional (o medicina
occidental) entiende que las señales asociadas al dolor se transmiten a través
de células especializadas del sistema nervioso (receptores o nocioceptores) que
se encuentran en la piel y otros tejidos. Estas células responden a estímulos
nocivos, como heridas, inflamaciones o daño tisular. Justo después de recibir el
estímulo, los receptores emiten una serie de señales químicas y eléctricas que
viajan a través de las neuronas hasta la médula espinal y, a través de ella,
hasta el cerebro, donde finalmente se interpretan como dolor. Cuando no hay
suficiente Qi o sangre (situaciones de «vacío» o «insuficiencia») o cuando estas
sustancias tienden a estancarse en una zona determinada («exceso»), se produce
un desequilibrio entre Yin y Yang, los órganos internos dejan de funcionar de
modo óptimo, y se desarrollan la enfermedad y el dolor.
Sea cual sea la causa, el dolor puede tener multitud de
orígenes. El dolor agudo generalmente se caracteriza por acceso rápido, duración
relativamente corta, funcionamiento normal de los sistemas nerviosos central y
periférico, evolución patológica predictible, y, en la mayoría de casos,
pronóstico favorable. En términos de medicina convencional, suele ser el
resultado de una herida, un proceso quirúrgico, o una inflamación con causa bien
definida. Normalmente cede y desaparece con cierta facilidad al someterse a la
terapia adecuada o al desarrollarse el tratamiento de la causa inmediata (por
ejemplo, un postoperatorio).
El dolor crónico es completamente diferente. Es el tipo de
dolor que suele resultar más preocupante, entre otras cosas porque dura más de
lo que se supone que lo causó (por ejemplo, persiste meses o años después de una
operación o de una lesión traumática). Este tipo de dolor resulta muchas veces
difícil de aliviar o curar, y puede presentarse incluso sin que exista daño
tisular o causa física que lo justifique. El hecho es que muchos casos y tipos
de dolor crónico (fibromialgia, por ejemplo) no pueden explicarse claramente
desde el punto de vista de la medicina convencional. Se observa con cierta
frecuencia que no existe daño en los tejidos o, que si existió, ha sido
reparado, pero el dolor continúa, pudiendo resultar muy debilitante y deprimente
y requiriendo un tratamiento específico. Aparte del daño tisular, hay otros
síntomas asociados al desencadenamiento del dolor, como la tensión muscular, los
espasmos, la rigidez o la debilidad. Puede acaecer también cierto grado de
pérdida de movilidad o funcionalidad, relacionada con la restricción voluntaria
que el paciente impone a la parte que duele para evitar el dolor. Se ha podido
observar que, independientemente de la causa, el dolor persistente o crónico se
agrava con los sentimientos de frustración, rabia o miedo, que lo hacen más
intenso y dificultan su tratamiento.
El dolor crónico se agrava con la tensión, la frustración, la
rabia y el miedo; al mismo tiempo, el propio dolor causa estos sentimientos que
lo realimentan. En breve, el dolor, especialmente el dolor crónico, interfiere
con la vida y actividades normales a nivel físico y emocional. Podemos afirmar
que este tipo de dolor puede reducir considerablemente la calidad de vida del
paciente, tanto en términos puramente físicos, como psicológicos e incluso
sociales. El dolor crónico es una de las principales causas de sufrimiento e
incapacidad en el mundo de hoy.
Estamos asistiendo a una creciente incapacidad de la medicina
convencional frente a cierto tipo de dolores crónicos. Cuando no existe un daño
tisular o una causa que pueda encuadrar claramente dentro de sus paradigmas
neurológicos o anatómicos, el médico se encuentra forzado a comunicarle su
impotencia al paciente. Frases como «no le ocurre nada», «es nervioso», «viene
de la tensión», «está todo en su cabeza» o, en lengua médica, «es de origen
idiopático», se escuchan continuamente en cualquier consulta. La solución
ofrecida es intentar atajar mediante poderosas medicinas el paso a las vías
neurológicas de transmisión del impulso doloroso, lo que, en el mejor de los
casos, cuando alivia o elimina el dolor, está privando al cuerpo de su sistema
de alarma, puede estar encubriendo el desarrollo de patologías importantes. Por
no hablar de la tolerancia o de los efectos secundarios de la mayoría de
analgésicos y antiinflamatorios sintéticos cuando se emplean durante largo
tiempo. «Es nervioso», «no le ocurre nada», «origen idiopático» son frases que
sólo agravan la situación del doliente.
Afortunadamente cada vez son más los médicos convencionales
que remiten sus pacientes difíciles a las consultas de Medicina China para
valorar las posibilidades que ofrecen la acupuntura o las hierbas en el control
del dolor. Específicamente, la acupuntura está validada por la OMS como muy
eficaz en este campo. En términos de control del dolor, los efectos de los
tratamientos en Medicina China incluyen:
• Aliviar completamente o reducir considerablemente el dolor.
• Regular los umbrales de sensibilidad.
• Mejorar la capacidad de gestionar el dolor.
• Regular las emociones.
• Aumentar la energía vital.
• Aumentar la capacidad de realizar las funciones cotidianas.
• Mejorar la calidad de vida.
• Reducir o eliminar la dependencia de medicación
potencialmente dañina.
Cómo reduce el dolor la
Medicina China
Ante todo, la Medicina Tradicional China (MTC) considera el
ser como un todo único e indivisible. Esto significa, por un lado, que en el
diagnóstico se valoran todos los sistemas funcionales que componen el individuo
(aspectos emocionales, mentales, energéticos y físicos), y por otro, que todos
los signos y síntomas se consideran personales, manifestaciones de desarmonías
propias de una persona individual, única e irrepetible. No hay «enfermedad»,
sino un desequilibrio producido en la interacción de un individuo con su
entorno, o entre diversos componentes de sus propios sistemas.
Una vez determinados los patrones de desarmonía que aquejan
al paciente y le producen su dolor, se establecen los principios generales de
tratamiento, que se dirigirán, por un lado, a aliviar o eliminar el dolor en sí,
pero por el otro se orientarán también a resolver el problema o desorden de
base, a reconducir todo su organismo a una situación de armonía donde el dolor
como alarma resulte inútil. Dentro de los principios terapéuticos, el de
desbloquear, facilitar los flujos y restablecer la circulación normal es siempre
prioritario en los tratamientos analgésicos.
El tratamiento en MTC se enfoca a eliminar el dolor y la
desarmonía de base que lo produce. No se trata sólo de analgesia, sino de una
rearmonización profunda del organismo
Tras el establecimiento de los principios terapéuticos se
procede al tratamiento, en el que se emplearán una o varias de las técnicas
propias de la Medicina China: acumoxa, farmacopea, tuina y qigong.
El Qigong. Es un conjunto de ejercicios energéticos
chinos que debe practicar el propio paciente, es una terapia por propio derecho,
cuyo estudio excede el propósito de este artículo; los tratamientos que
comúnmente se le ofrecerán en una consulta de MTC son:
Acumoxa. Esta sería la traducción literal del término
chino «zhenqiu», pero se suele traducir simplemente por «acupuntura». Se basa en
la existencia de canales energéticos (los meridianos) que regulan todos los
aspectos del cuerpo, tanto psicoemocionales como físicos, y que ofrecen
determinados puntos de acceso (los puntos acupunturales), que permiten controlar
su flujo. El estímulo de estos puntos puede hacerse mediante instrumentos
metálicos, generalmente finísimas agujas (acupuntura), o bien mediante la
aplicación selectiva y concentrada de calor (moxibustión). Ambas técnicas,
acupuntura y moxibustión tienen una larga historia y experiencia, y, por tanto,
existen diversas escuelas y modos de aplicarlas. El modelo de acupuntura
promovido desde China a partir de los años 50, y en estos momentos el más
extendido en Occidente, promulga la introducción de agujas a profundidades
variables, en general desde pocos milímetros hasta unos dos o tres centímetros,
dependiendo de la persona y problema que se trate, y es el que por ahora ofrece
posibles explicaciones a nivel neurológico, más satisfactorias para el entorno
médico occidental. Sin embargo, otros estilos de acupuntura, como los
evolucionados en Japón, apenas introducen las agujas en el cuerpo, con lo que
sus resultados –plenamente comparables con los de sus colegas chinos- resultan
más difíciles de comprender desde el modelo neurológico establecido; hemos,
pues, de pensar que, efectivamente, la manipulación de determinados puntos del
cuerpo tiene efectos que la neurología es aún incapaz de definir y la indagación
de las razones de su acción es un campo apasionante de investigación en la
actualidad.
Farmacopea y dietética. En MTC no se establece siempre una
división tajante entre estos ámbitos, pero en Occidente lo más frecuente es que,
hasta cierto punto, se obvie la dietética para centrarse en la farmacopea o,
como suele decirse, la fitoterapia (curación mediante hierbas) china. Esta es
una disciplina aún más antigua que la acupuntura y, aunque basada en parámetros
distintos de la composición molecular de los llamados «principios activos»,
dispone de una experiencia que permite garantizar su eficacia y seguridad.
Tuina. Es el conjunto de maniobras o técnicas manuales que se
ejecutan sobre el cuerpo; abreviando, podría describirse como «masaje chino»,
pero incluye ejercicios de manipulación, de rehabilitación y de masaje (Más
información sobre Tuina página 98 revista «Natural» Nº 65). Su ámbito
terapéutico incluye, naturalmente, los problemas musculoesqueléticos pero, como
se basa también en la circulación energética y en su regulación global, se
emplea en tratamiento de desarmonías o enfermedades internas, como, por ejemplo,
la diabetes.
Las diversas técnicas son compatibles y se pueden combinar
entre sí; el que se emplee una o varias de ellas depende de lo que el paciente
necesite, de sus características y también de las que el terapeuta sea capaz de
ofrecerle. En su conjunto, sea cual sea la técnica concreta a la que recurra, la
Medicina China ofrece una visión distinta del problema del dolor, y su enfoque
holístico, unido a la variedad y eficacia probada de sus técnicas, le permite
ofrecer alivio y solución en muchos casos que resultan difíciles o imposibles
contemplados desde otros paradigmas médicos.