Tal vez lo peor del Ministerio de Medio Ambiente es que está
ubicado en el complejo de los «Nuevos Ministerios», un edificio inapropiado, de
aspecto siniestro, color gris cemento, arquitectura imperial y estética
fascista.
La entrada, por la Plaza de San Juan de la Cruz, en el
céntrico Paseo madrileño de la Castellana, está situada a escasos metros de
donde, hasta hace sólo unos meses, se ergía una gigantesca estatua ecuestre del
«generalísimo» Franco, caudillo de España «por la gracia de Dios».
Tras la llegada de Cristina Narbona a ese Ministerio, hace 20
meses, la estatua fue desmontada una noche, sin previo aviso, por seis operarios
que dijeron que estaban procediendo a la «limpieza y restauración de la Plaza».
Ahora sólo queda un absurdo muñón urbano, un bloque de hormigón de dimensiones
desproporcionadas en medio de la acera. Franco no volverá más a los «Nuevos
Ministerios», antaño símbolo de la dictadura que instauró y dirigió, con mano de
hierro, durante 40 años.
Pero todo cambia cuando uno se adentra por el umbral de la
puerta. Incluso los empleados parecen excepcionalmente amables, desde el
vigilante de seguridad, hasta el conserje de la tercera planta, donde tiene la
ministra sus aposentos.
Nos recibe Pepa Roma, directora del Gabinete de Prensa, un
encanto de mujer, y nos acompaña sin demora hasta el despacho de Cristina
Narbona. En la misma puerta, nos tropezamos con Paco Garrido, diputado de Los
Verdes, que nos saluda afectuosamente tras despedirse de la ministra.
Cristina nos invita a sentarnos con una espléndida y nada
forzada sonrisa y nos hace sentir como en casa. Incluso nos ofrece «un café o
una infusión de hierbas, lo que queráis».
No se tiene la sensación, ante Cristina Narbona, de estar con
una ministra al uso —es, desde luego, una ministra atípica-— sino que te sientes
como con una amiga en la que puedes confiar, una mujer extraordinariamente
afable, cariñosa y sincera.
Antes de comenzar la entrevista, le explico que Natural es
leída por muchos consumidores de productos ecológicos y usuarios de las
medicinas alternativas. Me interrumpe con un gesto de aceptación y complicidad y
me explica, un tanto divertida, que ya conoce la revista y que ella simpatiza
con los métodos naturales de salud: «la mayoría de las enfermedades me las curo
con manzanilla».
En ese momento me viene a la memoria la visita que hice,
apenas veinte días antes, al Ministerio de Sanidad, acompañando a los
representantes de la Mesa de Unidad de la Salud Natural. ¡Qué abismal
diferencia! Allí, mis colegas fueron recibidos con indiferencia y desprecio. Fue
una experiencia humillante, hasta el punto de que el alto cargo que les había
concedido la entrevista ni siquiera se presentó. Las funcionarias que le
sustituyeron se limitaron a escuchar sin involucrarse lo más mínimo. En un
momento dado, pregunté: ¿tiene este Ministerio de Sanidad intención de regular
las medicinas alternativas en España y reconocer a los profesionales que las
ejercen? Se limitaron a contestar: «no digo que no». Triste manera de eludir la
cuestión ante una delegación que representa a 35.000 profesionales legalmente
desamparados e injustamente excluídos del sistema sanitario.
Pero, volviendo a Cristina Narbona, debo decir que es lo más
parecido a una ministra verde, tanto por su discurso, muy semejante al de
cualquier líder ecologista, como por sus formas, sencillas y desenfadadas,
exentas de absurdas formalidades, exquisitamente naturales. Sin arrogancia y sin
prepotencia, algo poco común y muy de agradecer en un líder político con altas
responsabilidades de gobierno.
Pregunta: Señora Ministra, la cuestión ecológica ¿forma parte
ya de las prioridades del gobierno de España? ¿En qué ha cambiado la política
medioambiental respecto a la etapa anterior, cuando gobernaba el Partido
Popular?
Respuesta: Exactamente como lo planteas, ha aparecido una
prioridad que significa que en los debates del Consejo de Ministros hay una
posición, que se defiende de manera permanente, para que nuestras decisiones no
consideren como algo marginal el tema ambiental. Es la primera vez que un
Presidente del gobierno arranca una legislatura con compromisos muy potentes que
estamos intentando que se cumplan en todos los casos.
En algunas cuestiones ya hay cambios que son evidentes, como
es toda la reivindicación de la política del agua en nuestro país. También hemos
empezado a poner las bases para una política de lucha contra el cambio
climático, que era un tema muy urgente.
Con carácter general, yo diría que, además de lo que haga el
Ministerio de Medio Ambiente, existe una preocupación que comparte todo el
Consejo de Ministros y que responde a que la sociedad española es cada vez más
consciente de que la cuestión ambiental no es algo marginal y tiene que ver con
la salud, con la calidad de vida y con el progreso.
P: En la etapa anterior, el desencuentro de la Administración
con los ecologistas llevó a la práctica desaparición del Consejo Asesor de Medio
Ambiente. ¿Qué tal se lleva usted con los ecologistas?
R: Yo empecé a trabajar con las organizaciones ecologistas
cuando fuí Secretaria de Estado de Medio Ambiente, entonces fue cuando se creó
el Consejo Asesor y ahora lo hemos recuperado con mucha vitalidad. Hemos
mantenido cinco reuniones en estos últimos meses, se ha recompuesto desde el
punto de vista de la actividad de las cinco grandes organizaciones ecologistas
de este país, que trabajan junto con los sindicatos, con los empresarios y con
los consumidores en lo que es una nueva etapa, a mi juicio, importantísima.
Creo que el movimiento ecologista en España es una pieza
fundamental en la transformación de nuestro país, como lo han sido otros
movimientos sociales en otros ámbitos, como el movimiento feminista o el
movimiento obrero en épocas anteriores. Y ahora de lo que se trata es de que no
haya la reticencia que ha habido en muchas administraciones, comenzando por
ésta, la Administración Central, que en muchos momentos ha considerado a los
ecologistas poco menos que enemigos del orden público. Quizá no tanto como en
Estados Unidos, pero es cierto que ha habido una minusvaloración clara de la
tarea de vanguardia que tiene que jugar un movimiento social, de denuncia y de
aportación de soluciones, las dos cosas.
Yo tengo una buena relación con las organizaciones
ecologistas, aunque haya momentos en los cuales hay una legítima crítica por su
parte, porque para eso están, para elevarnos el listón, como cualquier
movimiento social.
P: Se habla mucho ahora de la aparición de un nuevo fenómeno
denominado «oscurecimiento global». Se dice que es una amenaza para la humanidad
y para la biodiversidad tan grande como la que puede representar el fenómeno del
calentamiento global. ¿Qué opina al respecto?
R: El «oscurecimiento global», es un fenómeno todavía poco
conocido, que puede terminar haciendo a nuestro mundo más oscuro de lo que es en
la actualidad y que ha sido objeto de especial atención en el Congreso de la
Unión Geofísica Americana desarrollado el año pasado en Montreal.
Según Michael Roderick, investigador de la Universidad
Nacional de Australia en Canberra, en la actualidad, nuestro planeta recibe una
media del 15% menos de luz que hace 50 años. La niebla que nosotros vemos hoy es
un 3% más densa que hace 40 años.
El oscurecimiento progresivo de la Tierra es objeto de
diversas interpretaciones científicas; con carácter general, se considera una de
las consecuencias de los comportamientos humanos que alteran y degradan los
ecosistemas.
Sin embargo, la disminución de la radiación solar no se
produce únicamente en las zonas geográficas más contaminadas, ya que en otras
regiones limpias, como en la Antártica, el oscurecimiento también ha sido
constatado. Algo semejante a lo que ocurre con las emisiones de gases de efectos
invernadero y con las sustancias que agotan la capa de ozono.
En cualquier caso, el oscurecimiento preocupa cada vez más a
la comunidad científica, ya que, independientemente de los procesos asociados al
fenómeno, tiene consecuencias sobre la vida. El oscurecimiento global impacta
sobre el ciclo del agua: reduce la evaporación y, en consecuencia, las
precipitaciones, lo que resulta particularmente grave para las regiones más
áridas. El oscurecimiento afecta asimismo a la fotosíntesis, tal como lo ha
explicado Roderick, afectando así a los bosques, a la agricultura y a la
vegetación planetaria en su conjunto.
En fin, se trata de otro proceso de naturaleza global sobre
cuyas causas hay mayores incertidumbres que sobre sus efectos. Por supuesto, el
Ministerio de Medio Ambiente lo tendrá en cuenta, en concreto en la elaboración,
ya iniciada, del Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático. Y en la medida
que avance el conocimiento científico, impulsaremos también aquellas medidas
específicas de prevención que resulten oportunas.
P: ¿Por fin el gobierno se toma en serio la lucha contra la
contaminación atmosférica?
R: Nos preocupan todas las formas de contaminación que están
alterando la calidad de nuestra atmósfera, la biosfera y sobre todo los
ecosistemas. Para daros un ejemplo de hasta qué punto no ha habido en este país
prioridades en materia ambiental, nosotros estamos ahora elaborando una Ley de
Protección de la Atmósfera que sustituya a la todavía vigente, que es nada menos
que del año 1972.
En materia de atmósfera queda muchísimo por hacer. No podemos
escudarnos en que no tenemos la competencia de gestión directa, desde el
Ministerio de Medio Ambiente, de control de las emisiones, salvo lo que son las
grandes instalaciones de combustión que, por cierto, ya está regulado cual va a
ser su proceso de desaparición de acuerdo con las normas europeas, pero en todo
lo demás, en el ámbito de la contaminación atmosférica, son las comunidades
autónomas las que tienen el deber de vigilar.
Y ¿qué pasa si las comunidades autónomas no vigilan?, ¿el
Ministerio tiene que mirar para otro lado? Evidentemente no. Y en lo que son
leyes básicas, en primer lugar tenemos ya la creación de una fiscalía especial
para delitos ecológicos y urbanísticos que está en las Cortes siendo objeto de
debate, que será una herramienta a la que yo concedo mucha importancia.
Creo que es muy bueno, igual que hemos hecho con la violencia
de género, que haya una transformación de la administración de la justicia donde
los delitos ambientales y urbanísticos tengan fiscales especializados, tengan
equipos suficientes y una coordinación de criterios en toda España. Esa es una
herramienta fundamental y las comunidades autónomas tendrán que aceptar una
legislación básica que es la que ya les hemos presentado, esta nueva Ley de
Protección de la Atmósfera y un programa nacional de calidad del aire. Yo espero
que eso, al menos en parte, trabaje en la dirección contraria a esos procesos
que provocan el oscurecimiento global y que llegue menos luz a la Tierra.
P: Los Verdes aseguran que hay proyectadas 98 nuevas
centrales térmicas de ciclo combinado y que eso incrementaría en más de 143
millones de toneladas las emisiones de efecto invernadero, es decir, un
incremento del 35% más a añadir al actual 45%. Sin embargo, el Protocolo de
Kioto otorga a España la posibilidad de aumentar sólo un 15% sus emisiones
contaminantes. ¿Es esto cierto? Si tiene realmente voluntad este gobierno de
cumplir con los objetivos de Kioto, ¿cómo van a hacer para lograrlo?
R: En primer lugar, nunca se ha dicho que se vayan a
autorizar todas esas centrales térmicas, lo que hay es todos esos proyectos, al
menos en un estadio muy incipiente de planteamiento por parte de las empresas.
Lo cierto es que, a medida que vamos avanzando, vemos que
algunos de esos proyectos no se van a hacer, o no se van a hacer en las
condiciones iniciales. Hace muy poco hemos aprobado una declaración de impacto
ambiental negativa en el caso de la central térmica prevista en Sevilla, en la
Punta del Verde, porque esa central térmica, en esa ubicación, significaría
superar los niveles de contaminación de la ciudad y del área metropolitana de
Sevilla que están ya absolutamente a tope, y por lo tanto estamos intentando
introducir criterios ambientales, junto con los criterios de cumplimiento del
Protocolo de Kioto, a tener en cuenta en las declaraciones de impacto ambiental.
Dicho eso, el sustituir carbón y petróleo por gas natural
evidentemente reduce las emisiones a la atmósfera y por eso sólo debemos ir
autorizando nuevas centrales térmicas en la medida que vayan reduciéndose y
desapareciendo centrales de combustión con otros combustibles. Por eso el
gobierno ha aprobado hace poco una normativa para reducir las centrales de
combustión más antiguas, más obsoletas, las que más contaminación producen.
Al final tenemos que ir a un balance en un proceso, por
cierto, muy complicado, porque ahí sí, es evidente que anteriores gobiernos,
socialistas o del Partido Popular, no tomaron en consideración la lucha contra
el cambio climático. Esto es así, y ahora lo que tenemos que intentar es que, no
sólo desde el gobierno de la nación, sino también desde las administraciones
autonómicas y locales, se haga un esfuerzo en esa dirección. Sino será muy
difícil, y por supuesto de cada ciudadano, que también tiene capacidad de
colaborar en ese empeño.
Pero en síntesis, la planificación energética tiene que irse
adaptando en los próximos años a ese objetivo, que es un compromiso del
gobierno, de ir reduciendo gradualmente las emisiones, y es evidente que
partimos de una situación pésima. En el año 1997, y esto es bueno recordarlo,
cuando España formó parte del acuerdo del Protocolo de Kioto como miembro de la
Unión Europea, España estaba exactamente en un 15% por encima de las emisiones
del 90, pero al no haber la menor prioridad en ese sentido, se llegó en 2004 a
más del 40%.
Ahora tenemos que reandar un camino, con una dificultad, por
supuesto, enorme, pero la voluntad del gobierno es ir por ahí. Por lo tanto,
¿cuántas centrales de ciclo combinado?, aquellas que dentro del balance nos
permitan reducir contaminación en las centrales más obsoletas e ir sustituyendo
gradualmente hacia un balance más limpio, junto con ahorro y eficiencia, que eso
es en este país fundamental, y junto con la utilización, por supuesto, de
energías renovables. Ese es el camino.
P: ¿Y respecto a la refinería proyectada en Tierra de Barros,
en Extremadura, que tanta oposición ha despertado?
R: Ese proyecto está al inicio del procedimiento de
declaración de impacto ambiental. He tenido ocasión de recordar recientemente en
Mérida que ese proyecto puede acabar con un sí, con un no, o con un sí con
condiciones, pero hasta que eso no se produzca no hay ningún proyecto que tenga
autorización.
Lo cierto es que, en estos momentos, el promotor todavía no
ha aportado al Ministerio información muy relevante que se le pidió el año
pasado, concretamente la información sobre el necesario gaseoducto.
Una declaración de impacto ambiental sobre una planta de ese
tipo no es solo sobre la planta, es sobre la planta y sobre cómo llega el
combustible a la planta.
Estamos al inicio y desde luego este es un proceso donde
queremos fortalecer al máximo el debate ciudadano, dando voz a todos de acuerdo
con sus opiniones y sus argumentos. Tenemos que acostumbrarnos a que estamos en
un país democrático donde hay cauces, y debe de haberlos, para que cada uno
defienda sus posiciones.
P: Se dice que el petróleo tiene los días contados y que
nuestro sistema económico es excesivamente dependiente de este recurso natural
que se está agotando. ¿Existen tecnologías limpias, sustitutivas y viables a
corto plazo? ¿Qué opina de aquellos que proponen volver a la energía nuclear?
R: Yo he dicho muchas veces que la energía nuclear no puede
ser la respuesta para un mundo sin petróleo; no puede ser la respuesta porque
tiene otro problema ambiental y de salud pública asociado que es la generación
de residuos radioactivos.
Si tenemos fallos, como los tenemos, en el control de la
seguridad nuclear en un país como el nuestro, que necesita una nueva legislación
para el buen funcionamiento del Consejo de Seguridad Nuclear, pues qué decir de
países donde los controles seguramente son infinítamente peores que en el caso
de España.
Se trata de una opción que requiere, para ser segura, de una
inversión elevadísima y de un coste desconocido. ¿Cuánto nos va a costar
mantener con total seguridad los depósitos que hagamos de material radiactivo de
alta radiactividad? Nadie es capaz de calcular ese coste.
Por eso a veces, cuando se compara la energía nuclear con las
energías renovables y se dice que las energías renovables son más caras, mi
pregunta es: ¿cuánto cuesta mantener la energía nuclear?
La energía nuclear que hoy utilizamos, el kilowatio hora de
hoy que es competitivo, es el resultado de haber invertido miles y miles de
millones de euros, desde hace 50 años, en transformar una energía concevida para
la guerra en una energía para usos pacíficos; inversión pública e inversión
privada que, si durante estos 50 años se hubiera aplicado, por ejemplo, a la
energía solar, yo estoy segura que el mundo estaría en un momento totalmente
diferente desde un punto de vista energético.
Por eso creo que es muy importante que exista la mesa que ha
puesto en marcha el Ministerio de Industria donde afloren todos estos aspectos
de costes, de alternativas, de seguridad en lo que es el futuro del uso de la
energía nuclear. Este país todavía no tiene resuelto qué va a hacer con los
residuos nucleares, que ya exceden de la capacidad de almacenamiento de las
piscinas de las centrales que existen.
Yo no me canso de recordar la paradoja de que un país como
Alemania, que tiene la mitad de horas de sol que España, tiene más de 10 veces
la energía solar instalada que tiene España, esto es una bofetada a la
inteligencia de este país.
¿Por qué no estamos igual? Porque no ha habido ninguna
prioridad. Hace sólo algunos años que empezaron algunos ayuntamientos españoles,
empezando por el de Barcelona, a poner en una ordenanza el uso obligatorio de la
energía solar térmica en las nuevas edificaciones. Y nuestras empresas son tan
competitivas que algunas de ellas venden el 80% de su producción en los mercados
internacionales. Ni nos faltan horas de sol, ni nos faltan empresas y
tecnología. Nos ha faltado como país, como sociedad, el considerar la energía
solar algo más que un capricho de los ecologistas.
P: A propósito de la energía nuclear, creo que su Ministerio
ha prometido impulsar la realización de un estudio epidemiológico para
determinar la incidencia del cáncer y otras enfermedades relacionadas en las
poblaciones del entorno de las centrales nucleares españolas. ¿Qué conclusiones
espera obtener de este estudio? ¿Existe un calendario para el desmantelamiento
de las nucleares?
R: Más que el Ministerio de Medio Ambiente, es el Ministerio
de Sanidad. Nosotros creemos que eso se debe de hacer, por supuesto, pero el
Ministerio de Medio Ambiente no hace estudios epidemiológicos de forma directa.
Ni siquiera tenemos competencia sobre la regulación de la energía nuclear en
nuestro país.
Yo formo parte de un gobierno cuyo presidente, en su discurso
de investidura, dijo muy claramente que quería un modelo energético para nuestro
país en el cual hubiera cada vez más energías límpias y cada vez menos energía
nuclear. Eso está en el discurso de investidura del Presidente y para mí es el
marco en el que trabajamos.
P: Con anterioridad a las últimas elecciones legislativas, su
partido suscribió un acuerdo de gobierno con Los Verdes. ¿En qué medida cree que
se está llevando a cabo?
R: Mira, habéis llegado justo cuando tenía una reunión de
trabajo con Paco Garrido, por lo tanto sois testigos de que este Ministerio
quiere que se mantenga ese acuerdo. Ahora mismo estábamos hablando de
iniciativas parlamentarias para el grupo de los verdes.
Hay tensiones, no es nigún secreto, y yo no estoy ahora mismo
en la ejecutiva federal, que es la que, como órgano político del Partido,
establece la relación política con el grupo de los verdes, pero como ministra de
Medio Ambiente yo quiero que ese acuerdo se mantenga y sea bueno para ambas
partes, porque si es bueno para ambas partes, estoy segura que será bueno para
los ciudadanos españoles que necesitan de grandes dosis de actuaciones con
criterio ambiental.
P: Uno de los puntos de ese acuerdo pre-electoral aludía a la
necesaria regulación de las medicinas alternativas y el reconocimiento de los
profesionales que las practican.
Sé que no es un tema de su departamento y también sé que
usted personalmente simpatiza con los métodos naturales de salud. Entonces, no
ya como ministra sino como Cristina Narbona, ¿qué opina acerca de esta
reivindicación histórica de los naturópatas, acupuntores, homeópatas, osteópatas,
quiromasajistas, etc., que se sienten legalmente desamparados y, a veces,
injustamente perseguidos por la Administración?
R: Puedo decir que soy amiga personal de uno de los
perseguidos, de un naturópata al que hace un par de años se le intentó
desprestigiar gravemente, tuvo que cerrar su consulta, y para mí es una persona
que me merece la máxima confianza, como muchos de sus compañeros.
En este país estamos muy lejos de haber situado a las
llamadas medicinas alternativas o naturales en el lugar que ocupan en otros
países desarrollados, como por ejemplo Alemania, donde es muy frecuente que,
tratamientos distintos de los convencionales, formen parte del propio abanico
que representan los médicos «normales» entre comillas. Aquí sigue habiendo esa
percepción de que, si uno intenta tratar algunas patologías simplemente a base
de hierbas, que es como yo personalmente me trato algunas, pues eso es una cosa
poco menos que al margen del progreso.
Pues no, el progreso está en que la medicina llamada
convencional se reconduzca en muchos de sus aspectos, porque hay demasiadas
medicinas cuyos efectos secundarios acaban convirtiéndose en un problema de
salud, justamente lo contrario de lo que entiendo que persigue la industria
farmaceutica, que es ayudar a que la gente se cure. Y en segundo lugar creo
mucho más en la prevención que en las terapias.
Creo que vivimos en un mundo que tiende a ser profundamente
insano y que hace que mucha gente enferme sin necesidad. Por ejemplo, la
contaminación atmosférica mata en España prematuramente a 10 veces más personas
que los accidentes de tráfico. ¿Eso lo sabe la gente? La mayoría de la gente no
lo sabe.
Por eso creo que una de las labores del Ministerio de Medio
Ambiente es ir explicando cosas a los ciudadanos. La contaminación mata. La
contaminación hace enfermar, y por lo tanto creo que, en lugar de hacer mucho
esfuerzo y mucho gasto en la sanidad española en relación con la curación de
enfermedades que podrían haberse evitado, lo que tenemos que avanzar desde los
ministerios, y en eso estamos trabajando ahora, es en ese campo que podríamos
llamar de la sanidad ambiental.
Yo sé que este es un tema en el que este año vamos a trabajar
las dos ministras, una vez que la ministra Elena Salgado ha tomado una de las
decisiones más valientes y mejores para la salud pública aprobando una Ley
contra el tabaco. Yo creo que es un gran favor, a pesar de que hay mucha gente a
la que le cuesta un gran trabajo que esa Ley se cumpla, pero hay que entender
que hay muchas personas que son víctimas de agresiones, y hay que respetarlas en
el sentido de ayudarlas, porque la Ley se tiene que cumplir. Igual que hay una
Ley contra el tabaco, igual que hay una Ley para que los medicamentos sean menos
caros de lo que son y haya un mayor control en su uso, el siguiente capítulo es
darle a la cuestión ambiental el valor sanitario y colectivo que tiene.
P: España es quizá el país con mayor riqueza ecológica de
Europa y, por tato, el más necesitado de medidas de protección. ¿Considera
adecuado el actual presupuesto del Ministerio de Medio Ambiente?
R: El Ministerio de Medio Ambiente no tiene competencia
directa en la gestión de la riqueza de España en materia de biodiversidad. Sí
tenemos competencia en legislación básica, y por eso la estamos poniendo al día
con las leyes que todavía están en vigor.
Vamos a pasar una Ley sobre biodiversidad, cuyo borrador ya
se ha presentado a las comunidades autónomas, en el que vamos a trabajar desde
el Consejo Asesor de Medio Ambiente, y donde lo que pretendemos es que nuestro
país tenga las exigencias que a nivel europeo y a nivel internacional están ya
establecidas.
En algunos temas tenemos que mejorar nuestra legislación
básica y tenemos también que aprovechar esa norma sobre biodiversidad para que
queden como criterios o requisitos legales las exigencias para que un espacio
sea Parque Nacional. Aunque ahora vayan a ser gestionados por las comunidades
autónomas, lo que queremos con este proyecto de Ley es precisamente que el
cambio de gestores no altere en absoluto los criterios de máxima preservación
que tienen que tener esos espacios naturales de nuestro país. Y esto es sólo una
pequeña parte del conjunto de los espacios protegidos, pero es una parte muy
valiosa.
Y por último, como Ministra de Medio Ambiente he defendido,
con la máxima intensidad a escala europea, que se aprobase un reglamento del
programa Life que no fuese el que nos trajo la Comisión hace un año y medio, que
era infumable desde el punto de vista de la conservación de la naturaleza.
Afortunadamente, en diciembre, hemos tenido ya el acuerdo de
todo el Consejo de Ministros de la Unión Europea, que cambia radicalmente ese
reglamento propuesto por la Comisión. Y es verdad que ahí España ha liderado a
un grupo de países, muchos de los nuevos países de la Unión Europea, pero
también otros que ya estaban, frente a la posición de la Comisión. Y lo haré
siempre que crea que la Comisión se equivoca.
Lo estamos haciendo también en gran medida en materia de
transgénicos. Ese es otro tema donde la Comisión Europea creo que está en una
posición demasiado timorata. Creo que debe ser una cuestión para que haya más
legislación europea de la que hay, para que haya criterios de mucha mayor
prudencia y de control de los que existen, y en estos momentos trabajamos con el
Ministerio de Agricultura precisamente para que haya una buena norma que
garantice la no contaminación de los cultivos normales por los cultivos
transgénicos.
P: A propósito de legislación básica, la Constitución
contempla la posibilidad de promulgar una Ley General del Medio Ambiente, tal
como existe ya en otros muchos países. En la etapa de Suárez, y también en la de
Felipe González, se llegaron incluso a elaborar algunos borradores.
¿Piensa usted promover una Ley General de Medio Ambiente
durante su mandato?
R: Yo creo que, a estas alturas del desarrollo de nuestro
marco legislativo, hay mucha legislación que tiene que ver con las bases del
medio ambiente y me siento especialmente satisfecha de la que, como te digo, el
proyecto se aprobó en diciembre, que yo creo que es el núcleo de lo que podría
entenderse, hoy en día, como una Ley General en lo que falta en España, y es el
proyecto de Ley que regula los derechos de los ciudadanos, tanto al acceso a la
información ambiental como a la participación en todos los procesos que tengan
incidencia ambiental como al acceso a la justicia.
Es la transposición en nuestro país del Convenio de Arus que
ha sido tomado por el gobierno, como digo, en diciembre. Ya la hemos remitido a
las Cortes. Esa legislación va a ser la que va a fortalecer a los ciudadanos
frente a los poderes económicos y también frente a los poderes políticos o
administrativos en la defensa de sus derechos al medio ambiente.
El gran problema es que esas leyes se cumplan. Este país
tiene bastantes leyes, tanto a nivel nacional como a nivel autonómico, el
problema es que hay una enorme tolerancia social frente al incumplimiento de las
normas ambientales. Por eso también para mí es una pieza fundamental que vayamos
a tener pronto una fiscalía especial de carácter ambiental y urbanístico.
Y la otra Ley en la que estamos trabajando, y que se aprobará
este año, es la Ley de Responsabilidad por Daños Ambientales. Es la
transposición de una directiva europea y aunque tenemos margen hasta el año 2007
queremos adelantarnos, porque yo creo que establecer un marco mucho más nítido
respecto a la responsabilidad de cada uno de nosotros, bien sean los poderes
públicos o privados, para que se prevengan los daños ambientales, pues digamos
que esa pieza completaría lo que hubiera podido ser un diseño ambicioso de Ley
General y que, con el ordenamiento, tal como va a quedar en esta legislatura, yo
creo que existe o que va a existir ya.