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Noticia
Embrión en movimiento
La idea de que un embrión todavía no está haciendo nada y todavía no está actuando es un gran malentendido y una gran devaluación
Fecha del artículo 19/9/2005 / Fecha de alta en Natural 19/9/2005
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Actualmente se han desarrollado muchos nuevos métodos y técnicas con los que podemos influir y manipular el proceso de concepción, embarazo, desarrollo prenatal y nacimiento de acuerdo a nuestras necesidades y deseos. Para poder plantearnos la pregunta: «¿Qué estamos haciendo realmente?» es importante que nos demos cuenta de qué es el embrión en esencia, y de cómo deberíamos interpretar los datos y resultados de la moderna embriología científica desde un punto de vista espiritual sobre el hombre y la naturaleza.

Mediante una aproximación goetheana (fenomenológica) intentaremos entender el desarrollo humano prenatal. Dentro de dicha aproximación parecerá posible llegar al núcleo espiritual de esta fase de la existencia humana. De este modo podemos «encontrarnos» con los principios creadores y creativos, y con las fuerzas que operan a través del ser humano.

En el desarrollo embrionario humano, tratamos con lo que podríamos denominar como «funcionamiento silencioso en las formas». Con esto queremos decir que los gestos de crecimiento y desarrollo que realiza el embrión humano podrían ser interpretados y comprendidos como parte de la conducta humana. Son como una especie de pre-ejercitación de lo que más adelante aparecerá y se expresará como funciones fisiológicas y psicológicas.

El embrión exhibe conducta humana. El embrión no «se vincula con un alma», es alma, es existencia humana y conducta humana. El cuerpo humano obtiene su forma y perfil durante el desarrollo embriónico en un proceso continuo de cambio y metamorfosis. Podemos entender estos gestos como conducta humana.

Durante esta fase de la existencia humana, los procesos que acompañan, por así decirlo, el acto de encarnación, pueden seguir siendo «leídos» a partir de los hechos biológicos. Estos gestos también son una especie de eco o recapitulación de los gestos del desarrollo del hombre como especie.

En este sentido, convertirse en un ser humano y humanizarse, biografía y biología, se encuentran. El embrión puede ayudarnos a aprender las pautas reales y esenciales del desarrollo humano.

El embrión humano parece ser una especie de equilibrio empático contínuo entre dos polaridades de «antipatía introvertida» y «simpatía extrovertida», en relación con su contexto y con su entorno. Según la visión presentada en este artículo, la dinámica de la existencia embriónica se caracteriza por la orientación de fuera a dentro, es decir, por la orientación centrípeta. Esto significa que el ser humano se imprime en la forma corporal del embrión.

El embrión por otra parte, se imprime a sí mismo en una organización corporal. La existencia embriónica es, por tanto, una especie de existencia silenciosa, muda e introvertida.

La idea de que un embrión todavía no está haciendo nada y todavía no está actuando es un gran malentendido y una gran devaluación. Un ser humano es un ser que se manifiesta en este primer orden por medio de gestos de crecimiento y movimientos de su forma, más adelante mediante procesos fisiológicos y aún más adelante por medio de una conducta y unos gestos psicológicos. La conducta humana es toda expresión. Durante su desarrollo total, el embrión es la expresión de la presencia de un ser que es capaz de mediar entre el cielo y la tierra.

¿Qué hacemos como ser humano cuando somos un embrión? En 1985 me familiaricé con los conceptos e ideas de varios psicólogos prenatales. Estos psicoterapeutas mencionan en sus libros términos como experiencia prenatal, psique fetal, shock de la concepción y psicología prenatal. Extienden el alcance de la conciencia y de la experiencia humana más allá de los límites generalmente establecidos por la biología médica contemporánea.

Para mí como embriólogo, estar expuesto a estos pensamientos suponía una confrontación directa con el paradigma o estilo de pensamiento de la biología médica tradicional. ¿Cómo consideran estos pensadores que funciona un embrión en cuanto a su psiquismo, experiencia y conducta?, ¿cómo deberían juzgarse declaraciones como la de Laing: «podríamos pasar por transformaciones o variantes de nuestras primeras experiencias prenatales, incluso antes de que nuestro cuerpo cuente con un sistema nervioso desarrollado, durante los ciclos posteriores de la vida»?

¿Podría ser cierto que la estructura de las experiencias prenatales sirvieran como una especie de modelo para las estructuras que más adelante formarán el tejido de conducta y alma de nuestra compleja vida postnatal? ¿Cómo podría o debería funcionar un embrión en el aspecto psicológico cuando lo único que está presente es un sistema nervioso muy simple o primitivo en desarrollo?

Si la vida y la conducta del alma están restringidas o limitadas a ser una función del sistema nervioso, ¿cómo sería posible que un embrión tuviera dichas experiencias o exhibiera una conducta consciente?

El biólogo Weiss declara: «Los sistemas biológicos son comportamientos o conductas en sí mismos». De este modo, Weiss propone una definición más amplia de conducta que la que se expresa simplemente en términos de manejar, de hacer, de realizar.

Se puede leer la conducta de los organismos vivos de su forma y contorno, de su Gestalt, de su apariencia metamórfica continuamente cambiante. Un organismo se nos muestra como unidad de contorno, función y entorno, que cambia continuamente a lo largo del tiempo. La rosa que está en el jarrón no es la rosa. Hay que incluir el tiempo: desde la semilla a la planta, del capullo a la flor, al agostamiento, etc.

Mucho antes de llegar a actuar externamente, de tener su comportamiento característico por así decirlo, el organismo ya muestra un comportamiento en el sentido morfológico; exhibe una conducta. Forma, contorno y apariencia son maneras fundamentales en las que el organismo expresa la esencia de su ser.

¿Qué es la conducta humana? Esta pregunta podría ser el asunto clave para responder a la pregunta: ¿Qué estamos haciendo siendo un embrión? ¿Cómo están constituidas nuestras acciones y actuaciones en esta fase de nuestra vida? ¿Qué significa en nuestra biografía, en nuestro desarrollo como organismos humanos, avanzar en esta fase de la vida?

Los hallazgos de los experimentos neurobiológicos, así como los desórdenes patológicos o lesiones, podrían ser interpretados y comprendidos de manera diferente si consideráramos que los cerebros y los genes son condiciones necesarias, pero no suficientes, de la conducta, de la psique, etc. Las explicaciones reduccionistas corren el riesgo de confundir las condiciones o el contexto del fenómeno con el fenómeno mismo.

Plantearíamos preguntas completamente distintas y encontraríamos otras respuestas si siguiéramos los pasos de biólogos como Weiss, y si tomáramos como punto de partida que la totalidad del cuerpo es lenguaje, expresión, conducta y que en el hombre como unidad psicosomática, el soma es también una expresión de la psique. Como dice el filósofo De la Mettrie: «el animal no tiene alma, es alma». Mente y conciencia son procesos, funciones. No están situadas en alguna parte, ocurren (surgen espontáneamente).

El embriólogo alemán Erich Beschsmidt expresó: «para cada organismo vivo, como para el embrión humano, es válida la Ley de Conservación de la individualidad». Él se refería a que su contorno y apariencia podrían cambiar a lo largo del tiempo, pero el ser esencial en sí mismo permanece inmutable, presente y activo dentro de estas formas externas.

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