Actualmente se han desarrollado muchos nuevos métodos y
técnicas con los que podemos influir y manipular el proceso de concepción,
embarazo, desarrollo prenatal y nacimiento de acuerdo a nuestras necesidades y
deseos. Para poder plantearnos la pregunta: «¿Qué estamos haciendo realmente?»
es importante que nos demos cuenta de qué es el embrión en esencia, y de cómo
deberíamos interpretar los datos y resultados de la moderna embriología
científica desde un punto de vista espiritual sobre el hombre y la naturaleza.
Mediante una aproximación goetheana (fenomenológica)
intentaremos entender el desarrollo humano prenatal. Dentro de dicha
aproximación parecerá posible llegar al núcleo espiritual de esta fase de la
existencia humana. De este modo podemos «encontrarnos» con los principios
creadores y creativos, y con las fuerzas que operan a través del ser humano.
En el desarrollo embrionario humano, tratamos con lo que
podríamos denominar como «funcionamiento silencioso en las formas». Con esto
queremos decir que los gestos de crecimiento y desarrollo que realiza el embrión
humano podrían ser interpretados y comprendidos como parte de la conducta
humana. Son como una especie de pre-ejercitación de lo que más adelante
aparecerá y se expresará como funciones fisiológicas y psicológicas.
El embrión exhibe conducta humana. El embrión no «se vincula
con un alma», es alma, es existencia humana y conducta humana. El cuerpo humano
obtiene su forma y perfil durante el desarrollo embriónico en un proceso
continuo de cambio y metamorfosis. Podemos entender estos gestos como conducta
humana.
Durante esta fase de la existencia humana, los procesos que
acompañan, por así decirlo, el acto de encarnación, pueden seguir siendo
«leídos» a partir de los hechos biológicos. Estos gestos también son una especie
de eco o recapitulación de los gestos del desarrollo del hombre como especie.
En este sentido, convertirse en un ser humano y humanizarse,
biografía y biología, se encuentran. El embrión puede ayudarnos a aprender las
pautas reales y esenciales del desarrollo humano.
El embrión humano parece ser una especie de equilibrio
empático contínuo entre dos polaridades de «antipatía introvertida» y «simpatía
extrovertida», en relación con su contexto y con su entorno. Según la visión
presentada en este artículo, la dinámica de la existencia embriónica se
caracteriza por la orientación de fuera a dentro, es decir, por la orientación
centrípeta. Esto significa que el ser humano se imprime en la forma corporal del
embrión.
El embrión por otra parte, se imprime a sí mismo en una
organización corporal. La existencia embriónica es, por tanto, una especie de
existencia silenciosa, muda e introvertida.
La idea de que un embrión todavía no está haciendo nada y
todavía no está actuando es un gran malentendido y una gran devaluación. Un ser
humano es un ser que se manifiesta en este primer orden por medio de gestos de
crecimiento y movimientos de su forma, más adelante mediante procesos
fisiológicos y aún más adelante por medio de una conducta y unos gestos
psicológicos. La conducta humana es toda expresión. Durante su desarrollo total,
el embrión es la expresión de la presencia de un ser que es capaz de mediar
entre el cielo y la tierra.
¿Qué hacemos como ser humano cuando somos un embrión? En 1985
me familiaricé con los conceptos e ideas de varios psicólogos prenatales. Estos
psicoterapeutas mencionan en sus libros términos como experiencia prenatal,
psique fetal, shock de la concepción y psicología prenatal. Extienden el alcance
de la conciencia y de la experiencia humana más allá de los límites generalmente
establecidos por la biología médica contemporánea.
Para mí como embriólogo, estar expuesto a estos pensamientos
suponía una confrontación directa con el paradigma o estilo de pensamiento de la
biología médica tradicional. ¿Cómo consideran estos pensadores que funciona un
embrión en cuanto a su psiquismo, experiencia y conducta?, ¿cómo deberían
juzgarse declaraciones como la de Laing: «podríamos pasar por transformaciones o
variantes de nuestras primeras experiencias prenatales, incluso antes de que
nuestro cuerpo cuente con un sistema nervioso desarrollado, durante los ciclos
posteriores de la vida»?
¿Podría ser cierto que la estructura de las experiencias
prenatales sirvieran como una especie de modelo para las estructuras que más
adelante formarán el tejido de conducta y alma de nuestra compleja vida
postnatal? ¿Cómo podría o debería funcionar un embrión en el aspecto psicológico
cuando lo único que está presente es un sistema nervioso muy simple o primitivo
en desarrollo?
Si la vida y la conducta del alma están restringidas o
limitadas a ser una función del sistema nervioso, ¿cómo sería posible que un
embrión tuviera dichas experiencias o exhibiera una conducta consciente?
El biólogo Weiss declara: «Los sistemas biológicos son
comportamientos o conductas en sí mismos». De este modo, Weiss propone una
definición más amplia de conducta que la que se expresa simplemente en términos
de manejar, de hacer, de realizar.
Se puede leer la conducta de los organismos vivos de su forma
y contorno, de su Gestalt, de su apariencia metamórfica continuamente cambiante.
Un organismo se nos muestra como unidad de contorno, función y entorno, que
cambia continuamente a lo largo del tiempo. La rosa que está en el jarrón no es
la rosa. Hay que incluir el tiempo: desde la semilla a la planta, del capullo a
la flor, al agostamiento, etc.
Mucho antes de llegar a actuar externamente, de tener su
comportamiento característico por así decirlo, el organismo ya muestra un
comportamiento en el sentido morfológico; exhibe una conducta. Forma, contorno y
apariencia son maneras fundamentales en las que el organismo expresa la esencia
de su ser.
¿Qué es la conducta humana? Esta pregunta podría ser el
asunto clave para responder a la pregunta: ¿Qué estamos haciendo siendo un
embrión? ¿Cómo están constituidas nuestras acciones y actuaciones en esta fase
de nuestra vida? ¿Qué significa en nuestra biografía, en nuestro desarrollo como
organismos humanos, avanzar en esta fase de la vida?
Los hallazgos de los experimentos neurobiológicos, así como
los desórdenes patológicos o lesiones, podrían ser interpretados y comprendidos
de manera diferente si consideráramos que los cerebros y los genes son
condiciones necesarias, pero no suficientes, de la conducta, de la psique, etc.
Las explicaciones reduccionistas corren el riesgo de confundir las condiciones o
el contexto del fenómeno con el fenómeno mismo.
Plantearíamos preguntas completamente distintas y
encontraríamos otras respuestas si siguiéramos los pasos de biólogos como Weiss,
y si tomáramos como punto de partida que la totalidad del cuerpo es lenguaje,
expresión, conducta y que en el hombre como unidad psicosomática, el soma es
también una expresión de la psique. Como dice el filósofo De la Mettrie: «el
animal no tiene alma, es alma». Mente y conciencia son procesos, funciones. No
están situadas en alguna parte, ocurren (surgen espontáneamente).
El embriólogo alemán Erich Beschsmidt expresó: «para cada
organismo vivo, como para el embrión humano, es válida la Ley de Conservación de
la individualidad». Él se refería a que su contorno y apariencia podrían cambiar
a lo largo del tiempo, pero el ser esencial en sí mismo permanece inmutable,
presente y activo dentro de estas formas externas.