Depresión, falta de apetito, nerviosismo, alergias, dolores musculares
o de estómago, retención de líquidos… Todos estos
síntomas, que a menudo pasan inadvertidos en la consulta del médico
y que no suelen reflejarse en las pruebas de laboratorio, pueden corresponder
a una candidiasis crónica. Para erradicar esta enfermedad, tan extendida
como solapada, la medicina natural ofrece varias alternativas terapéuticas.
A pesar de que la candidiasis crónica fue reconocida en EE UU a principios
de los años ochenta a través del trabajo de Orion Truss y William
Crook, ni el público ni la profesión médica tenían
entonces una idea de la magnitud del problema. Hoy en día, después
de años de investigación y estudio, el tema de la candidiasis
sigue siendo ignorado por muchos profesionales de la salud. De hecho, ha sido
severa e injustamente criticada por muchos médicos alópatas e
incluso por terapeutas de medicina natural. Se dice de ella que es una enfermedad
de moda por el hecho de que es diagnosticada y evaluada demasiado a menudo,
a pesar de que las pruebas de laboratorio para su diagnóstico suelen
resultar negativas.
Sin embargo, no podemos negar que esta enfermedad es un mal de nuestro tiempo.
Es un desequilibrio fruto de nuestro estilo de vida moderno: jamás hemos
tenido tanta abundancia de comida y, a la vez, hemos estado tan desnutridos
como hoy en día, y jamás hemos tomado tantos antibióticos,
hormonas sexuales sintéticas (a través de fármacos y de
la carne que comemos) y cortisona como en la actualidad. Precisamente, estos
factores (que veremos más adelante) son algunos de los más importantes
en el desarrollo de este desequilibrio.
Pacientes sin diagnosticar
Cuando hablamos de candidiasis es de vital importancia diferenciar entre dos
grandes grupos de personas que la sufren. Por un lado, está el grupo
de aquellos pacientes que han sido diagnosticados. Éstos incluyen, principalmente,
personas con cándidas vaginales y/u orales; las que sufren de enfermedades
inmunodepresoras; las que están recibiendo quimioterapia; y las que sufren
de diabetes. En estos casos, la manifestación candidiásica es
muy clara. Sin embargo, los tratamientos médicos únicamente se
encargan de “calmar” los síntomas, pero no de resolver el
problema. Esto hace que los síntomas vuelvan a aparecer intermitentemente,
tal vez de por vida.
Por otro lado, está el grupo de personas no diagnosticadas, que suele
ser la mayoría de las que sufren de candidiasis crónica. Este
grupo se caracteriza por presentar una sintomatología muy extensa, confusa,
cíclica y recurrente, pero, sin embargo, las analíticas y pruebas
de laboratorio suelen ser normales. Estas personas pueden llevar una vida relativamente
normal, a pesar de que siempre se sienten por debajo de sus posibilidades. Debido
a esta falta de diagnóstico, y, por consiguiente, a la ausencia de tratamiento,
la candidiasis suele hacerse crónica.
Levaduras bajo control
La candidiasis es una infección causada por una levadura de la familia
de las Cándidas. Existen unas 150 especies de cándidas distintas;
por ejemplo, la Candida Kruse, Candida Glabrata, Candida tropicalis, Candida
parapsilosis, etc. Sin embargo, la más común en nuestro organismo
es la Candida Albicans.
Las levaduras están presentes en todos los seres humanos poco después
de nacer y viven en armonía con nosotros. Se encuentran en la piel, aparato
digestivo y genitourinario. Su función es absorber cierta cantidad de
metales pesados para que no entren en la sangre, nos ayudan a degradar restos
de carbohidratos mal digeridos y, junto con las bacterias, mantienen nuestro
equilibrio intestinal y el pH.
La flora intestinal y vaginal, junto con el sistema inmunitario, nos ayudan
a mantener estas levaduras bajo control.
Sin embargo, existen una serie de factores que pueden deprimir nuestro sistema
inmunitario y desequilibrar la flora intestinal, causando el crecimiento excesivo
de estas levaduras y, por consiguiente, la enfermedad. Estos factores son:
–Exceso de azúcar o carbohidratos refinados: Éstos son el
alimento principal de las cándidas. Aparte de alimentarlas directamente,
los azúcares y harinas refinadas aumentan los niveles de glucosa en la
sangre, a través de la cual también podemos alimentarlas.
–Consumo habitual de agua del grifo: El cloro destruye la flora intestinal
y el flúor deprime el sistema inmunitario.
–Uso de antibióticos, cortisona y hormonas sexuales sintéticas:
Los antibióticos destruyen la flora intestinal bacteriana, pero no las
cándidas. Esto hace que puedan crecer sin ningún microorganismo
que las controle. Por otro lado, la cortisona deprime el sistema inmunitario,
y las hormonas sintéticas, entre otros daños, destruyen ciertos
nutrientes (como la vitamina B6) vitales para la salud del sistema inmunitario.
–Embarazo: Durante este etapa los niveles de progesterona aumentan, induciendo
a las glándulas endometriales a producir glucógeno, lo cual favorece
el crecimiento de las cándidas vaginales. Por otro lado, unos niveles
altos de progesterona pueden provocar resistencia a la insulina, causando un
exceso de glucosa en la sangre y favoreciendo el crecimiento de las cándidas.
–Estrés continuo: Un exceso de cortisol deprime el sistema inmunitario,
aumenta los niveles de glucosa y destruye la flora bacteriana intestinal.
–Disminución de las secreciones digestivas: La falta de ácido
clorhídrico y de enzimas digestivas impide la correcta digestión
de los alimentos, produciendo fermentación y putrefacción intestinal.
Esto genera sustancias irritantes para la mucosa intestinal, favoreciendo el
desequilibrio de la flora intestinal y el crecimiento de las cándidas.
–Falta de nutrientes: Precisamos una gran cantidad de nutrientes necesarios
para mantener el sistema inmunitario sano, regular las hormonas, mantener una
producción sana de secreciones digestivas y regular la glucosa, factores
todos de vital importancia para el control de las cándidas. Cuando sufrimos
desnutrición, las cándidas tienen más oportunidad de crecer.
Unos síntomas muy variados
Los síntomas de la candidiasis son muchos y pueden ser muy variados.
Es muy importante saber por qué la candidiasis puede producir estos síntomas
para entender mejor este desequilibrio.
Muchas personas con candidiasis son tratadas como pacientes hipocondríacos,
deprimidos y/o ansiosos. Desafortunamente, hay mucha gente con candidiasis que
no ha sido diagnosticada y, a cambio, está tomando Prozac, Seroxat o
ansiolíticos. Parte de esto es debido a que, normalmente, la candidiasis
se relaciona únicamente a los síntomas propios y localizados que
crea la infección. Por ejemplo, en general con la candidiasis vaginal
sólo se contemplan los síntomas localizados en la vagina, o con
una candidiasis oral se presta atención únicamente a los síntomas
propiamente de la boca… y los tratamientos son locales. Sin embargo, la
candidiasis hay que analizarla en su conjunto, hay que ir más allá
de su manifestación localizada.
Un punto muy importante, que normalmente suele ser ignorado a la hora de diagnosticar
y tratar la candidiasis, es que su origen suele ser intestinal, aun cuando estemos
contemplando una candidiasis vaginal.
Cuando la candidiasis prolifera en el intestino puede cambiar su anatomía
y fisiología. Esto quiere decir que puede dejar de ser una levadura y
convertirse en un micelio fungal. Se sabe que las cándidas son organismos
dimórficos y pueden existir en estas dos formas. En su estado de levadura
no es invasiva, mientras que en estado fungal produce rizoides (o raíces
muy largas) altamente invasivas que pueden penetrar en la mucosa. Esto puede
causar una excesiva permeabilidad de la mucosa intestinal, permitiendo la introducción
en la sangre de sustancias (toxinas, proteínas mal digeridas, etc.) que
pueden actuar como antígenos, alterando severamente el sistema inmunitario.
Por otro lado, una excesiva permeabilidad intestinal puede, a su vez, deteriorar
los receptores nutricionales celulares, favoreciendo la mala absorción
y, dando como resultado una desnutrición.
Se sabe que las cándidas en su estado fungal pueden producir 79 productos
tóxicos; entre ellos el más abundante es el acetildehido. Parte
de los efectos del acetildehido son:
* Formación de sustancias vasoactivas, como la adrenalina, produciendo
síntomas como nerviosismo, pánico, miedo, taquicardias y sofocos.
* Interferencia con los receptores del la acetilcolina, importante para la memoria
y el sistema nervioso.
* Producción de histamina y, por lo tanto, inflamación en cualquier
parte del cuerpo.
* Bloqueo de enzimas metabólicas, lo cual puede llevar a bloqueos en
la formación de neurotransmisores, por poner un ejemplo
* Destrucción de la vitamina B6, que es importante para la protección
de las membranas mucosas, el fortalecimiento del sistema inmunitario, el equilibrio
del sistema hormonal y la producción de ácido clorhídrico
y enzimas digestivas.
* Depresión del sistema inmunitario.
* Destrucción del glutatión y la cisteína, necesarios para
desintoxicar el organismo.
* Reacción con la dopamina, lo cual puede causar depresión, insomnio
e incapacidad de respuesta ante el estrés.
El hígado debe filtrar los tóxicos
Por otro lado, las cándidas pueden causar un bloqueo y desequilibrio
del sistema hormonal y un sinfín de problemas como síntomas premenstruales,
infertilidad y endometriosis, entre otros. Algunas levaduras como la Cándida
krusei y la Parapsilosis producen tiaminosa (una enzima) que destruye la vitamina
B1. La falta de esta vitamina puede producir síntomas como irritabilidad,
dolores musculares, falta de concentración, dolor de estómago,
estreñimiento y taquicardias.
También previene la conversión de la vitamina B6 en su forma activa,
piridoxal-5-fosfato. Esto puede causar síntomas como retención
de líquidos, depresión, irritabilidad, temblores musculares o
calambres, falta de energía y piel muy seca. Debido al grado de toxicidad
en el que se encuentra el paciente con candidiasis, el hígado tiene que
filtrar una gran cantidad de químicos. Este proceso de autointoxicación
puede agravar el estado del paciente con candidiasis crónica cuando se
encuentra en presencia de perfumes, humos u otros químicos inhalantes.
Los síntomas más comunes en pacientes con candidiasis crónica
son: fatiga, malestar general, dolores de cabeza, distensión abdominal,
diarreas y/o estreñimiento, indigestión, ardor estomacal, deseo
de comer carhohidratos (dulces, pasta, pan, etc.), depresión, mareo,
sensación de resaca por las mañanas, dolor de articulaciones y
músculos, molestias vaginales (picores, irritación, heridas etc.),
retención de líquidos, insomnio, infecciones crónicas,
alergias, picor anal, afonía, congestión nasal, ahogo, problemas
de uñas, molestias oculares y de oídos…
Las enfermedades y desequilibrios relacionados con una candidiasis crónica
son: enfermedad de Crohn, colitis, síndrome del intestino irritable,
artritis reumatoide, lupus, asma, psoriasis y eccema, sinusitis, esclerosis
múltiple, fibromialgia, síndrome de la fatiga crónica,
hipotiroidismo, hipoglucemia, depresión y estados de ansiedad, anemia,
acné, urticaria, alergias… Así pues, el tema de la candidiasis
no se limita a una sintomatología localizada.
El diagnóstico resulta complicado
Las pruebas de laboratorio no garantizan el diagnóstico fiable de una
candidiasis crónica intestinal. Por ejemplo, la mayoría de las
células de las cándidas se adhieren a la pared de la mucosa intestinal,
por lo cual es difícil que aparezcan en los análisis de heces.
Además, muchas de estas células mueren durante la espera del análisis.
Es importante no descartar la enfermedad sólo por el hecho de que las
pruebas de laboratorio resultan negativas. Es mejor basar el diagnóstico
en una evaluación detallada del paciente: síntomas, historial
clínico, análisis de su dieta…
En EE UU muchos médicos y terapeutas opinan que el protocolo clínico
para la candidiasis presenta tan poco riesgo y costo (sobre todo la dieta) que
debería considerarse en cualquier enfermedad crónica.
Cuatro pasos para la curación
El tratamiento de la candidiasis debe englobar dos puntos principales: su eliminación
y su prevención. Por esto, es importante corregir sistemáticamente
las causas que contribuyen al desarrollo de esta enfermedad. Mi protocolo lo
baso en 4 pasos básicos:
1) PREPARACIÓN
Es vital que debilitemos las cándidas antes de atacarlas con un antifungal.
De lo contrario, si éstas se encuentran fuertes, podrán combatirlo
y con el tiempo se harán resistentes. La mejor forma de debilitarlas
es haciéndoles “pasar hambre”. O sea, a través de
la alimentación. Es fundamental eliminar:
* Productos y alimentos que contengan azúcares o con sabor dulce (azúcar,
sacarina, miel, dextrosa, siropes, refrescos, latas de tomate, cereales de la
mañana, productos de bollería y pastelería, postres, helados
etc.).
* Fruta.
* Productos lácteos, incluidos los yogures.
* Alcohol.
* Levaduras como el pan, pizzas, cubitos del caldo…
* Patatas, champiñones y setas, calabaza y boniatos.
* Cacahuetes y pistachos.
* Productos fermentados como el vinagre, tempeh, salsa de soja, miso, té…
* Harinas refinadas (arroz blanco, pasta blanca, etc.).
A cambio, se puede comer:
* Carnes, pescado y huevos.
* Vegetales.
* Legumbres.
* Frutos secos y semillas de calabaza, sésamo y girasol.
* Arroz, quinoa, trigo sarraceno, amaranto y mijo.
* Tostadas (crackers) de centeno o tortas de arroz.
* Limón y aguacate.
* Leche de soja, arroz y avena.
* Tofu y soja texturizada.
* Aceite de oliva.
* Zumos vegetales (excepto de zanahoria y remolacha)
* Agua embotellada.
Durante el tiempo de cambio en la dieta es muy posible que el paciente empeore
temporalmente. Esto es debido a una desintoxicación y también
a que las cándidas están “protestando de hambre”.
Si el paciente presenta dificultades en la digestión, como acidez, pesadez
estomacal, etc., es importante ayudarle con enzimas digestivas y/o betaína
hidrochlorida.
Al cabo de un mes de haber empezado la dieta (y siempre manteniéndola),
se puede pasar al segundo paso.
2) ELIMINACIÓN
Después de un mes de dieta y ayudas digestivas, es muy posible que se
puedan discontinuar las enzimas y la betaína hidrochlorida. Una vez debilitadas
las cándidas, es importante introducir el antifúngico que las
destruya. Hoy en día existen muchos antinfúngicos naturales que
no producen efectos secundarios y son realmente eficaces. Los que mejores resultados
han dado en investigación son el ácido caprílico, sello
de oro, extracto de semilla de pomelo, ajo, Pau d´Arco, aceite de orégano,
ácido undecilénico y un largo etcétera.
Según mi experiencia, los mejores antifúngicos son aquéllos
que contienen distintas sustancias antifúngicas juntas. Es muy importante
introducirlos con mucho cuidado, siempre empezando por dosis muy pequeñas
y aumentando cada 4 ó 5 días. Si las cándidas se destruyen
de golpe, se pueden formar muchas toxinas y producir un empeoramiento muy fuerte
de los síntomas. A mí, personalmente, me gusta ir cambiando el
antifúngico en función de cómo reacciona el paciente. De
esta manera se evita el estancamiento durante el tratamiento.
Hay terapeutas en EE UU que recomiendan 3 ó 4 antifúngicos diferentes
que el paciente deberá ir rotando cada cuatro días. Según
mi experiencia, es suficiente con cambiar el antifúngico cada 4 ó
6 semanas. En pacientes que tengan mucha sintomatología de desintoxicación,
recomiendo darles molibdeno (150 mcg). Este mineral destruye los desechos de
las cándidas, conviertiendo el acetaldehido en ácido acético
que, en el círculo de Krebs, es convertido en energía.
3) EQUILIBRIO
Cuando los síntomas que presentaba el paciente han remitido en su mayoría,
es muy importante reequilibrar la flora intestinal. Este paso no debe hacerse
al principio, ya que cuando la pared intestinal está inflamada puede
haber una reacción de intolerancia a las bacterias “amigas”.
Esto puede causar dermatitis, picores, diarrea, espasmos intestinales y alergias.
Además, mientras haya un exceso de cándidas en el intestino, los
Lactobacillus no pueden crecer y repoblar el tracto intestinal. Es mucho más
efectivo disminuir el crecimiento de las cándidas, reducir la inflamación
intestinal y entonces repoblar la flora intestinal.
Las bacterias más abundantes son los Lactobacillus acidophilus y los
Bifidobacterium bifidum. Estas bacterias se encargan de inhibir el crecimiento
de ciertos organismos, como las cándidas.
Es importante hablar de la repoblación de la flora vaginal. Los Lactobacillus
acidophilus habitan la flora vaginal y se encargan de mantener el pH ácido
fermentando el glucógeno vaginal y convirtiéndolo en ácido
láctico. Existen óvulos y pastillas vaginales para repoblar la
flora vaginal.
Otro aspecto importante a tener en cuenta es reestablecer el equilibrio nutricional
celular. Ya hemos visto que el paciente con candidiasis crónica normalmente
sufre de mala absorción y, por lo tanto, desnutrición celular.
Un organismo desnutrido difícilmente dispondrá de un sistema inmunitario
sano y fuerte. Se podrían mencionar todos los nutrientes que fortalecen
el sistema inmunitario. Sin embargo, es importante evaluar las deficiencias
particulares de cada paciente y aconsejarle los suplementos acorde a sus necesidades
bioquímicas particulares.
Según mi experiencia, los nutrientes más comúnmente deficientes
son la vitamina C, el grupo de las B (especialmente las vitaminas B6, B5 y B3),
calcio, magnesio, zinc, cromo y los ácidos grasos esenciales de la familia
Omega 3. Las dosis también variarán en función del paciente,
pero en términos generales se puede hablar de las siguientes: vitamina
C, 1000-4000 mg; vitamina B1, B2 y B3, 100 mg; vitamina B5, 500 mg; vitamina
B6, 200 mg; vitamina B12, 100-300 mcg; ácido fólico, 400-800 mcg;
magnesio, 400 mg; zinc, 15-60 mg; cromo, 200-600 mcg; omega 3, 800-3000 mg.
Hay que tener cuidado de que las vitaminas del grupo B y el cromo no contengan
levadura. No suelo recomendar calcio porque normalmente su deficiencia ocurre
en pacientes que curiosamente han tomado lácteos durante muchos años.
Esto suele causar un exceso de calcio extracelular (con sus correspondientes
calcificaciones) y una sintomatología de deficiencia de calcio intracelular.
Así que lo ideal es suplementar durante un tiempo con magnesio y dejar
de consumir productos lácteos para que se regularicen los niveles de
calcio a nivel celular. Si aún así al cabo de un tiempo se opta
por añadir calcio, las dosis variarán entre 500-1000 mg.
De todas formas, es la labor de cada terapeuta y médico evaluar qué
nutrientes son prioritarios y cómo administrarlos, si por separado o
bien en combinaciones ya preparadas. A esta altura del tratamiento, es aconsejable
empezar a introducir lentamente y con cuidado algunos alimentos como fruta,
patatas, champiñones y ciertos fermentados, y observar si se toleran
bien. Esta fase de introducción es muy importante, ya que el paciente
se irá dando cuenta claramente de qué tipo de alimentos favorecen
su estado de salud y cuáles no.
Durante esta etapa confirmará que existe una relación muy directa
entre la alimentación y su estado de salud. Esto le ayudará a
perfilar su tipo de alimentación idónea que adoptará de
por vida. Este paso es fundamental como prevención de una recaída
en el futuro.
4) REPARACIÓN
Una vez que la infección ha remitido, la flora intestinal está
equilibrada y el organismo del paciente dispone de una buena dosis de nutrientes,
es conveniente introducir ciertos nutrientes reparadores de la pared intestinal.
Los más efectivos en esta etapa son la vitamina A (7500-20000 u.i.),
y la L-Glutamina (500-1500 mg); también los ácidos grasos esenciales,
pero normalmente éstos ya los están tomando desde la etapa anterior.
Todo estos nutrientes se encargan de reparar, sellar y fortalecer la pared intestinal.
Otro nutriente que aconsejo tomar durante un tiempo como medida preventiva es
la biotina (300-1000 mcg), para evitar que las levaduras sanas y presentes en
el intestino crezcan y pasen de ser inofensivas levaduras a agresivos microorganismos.
La curación es un proceso largo
El tratamiento de la candidiasis crónica puede durar entre 3 y 8 meses.
Hay expertos que opinan que por cada año de candidiasis crónica
se necesita un mes de recuperación. Yo he observado que es bastante acertada
esta comparación. El tratamiento requiere paciencia y mucho apoyo al
paciente. Es importante que el terapeuta conozca y entienda bien esta enfermedad
y su proceso curativo, porque su apoyo es fundamental para la recuperación
del enfermo. Al principio del tratamiento, es normal que haya altibajos que
pueden provocar desconcierto en el paciente. Es importante que lo sepa para
que ni se asuste ni se desmotive. Al final del tratamiento, el paciente además
de sentirse fabulosamente (según dicen, como nunca se habían sentido
antes), también ha descubierto su tipo de alimentación ideal,
la que potencia su salud. Esto le servirá como prevención para
evitar otra candidiasis y muchos otros desequilibrios en el futuro.
Creo que es muy positivo hacer consciente al paciente de que es importante sacar
provecho y aprender de la enfermedad. De lo contrario, la sensación que
le deja ésta es de vacío y miedo a que se vuelva a repetir. Siempre
les digo a mis pacientes que gracias a sus cándidas han aprendido tres
cosas muy importantes: saber alimentarse, saber escucharse y conocerse mejor.
Tres piezas clave, no solamente para la prevención de la candidiasis,
sino también para conseguir una salud óptima.