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Noticia
Candidiasis crónica
Fecha del artículo 9/6/2004 / Fecha de alta en Natural 9/6/2004

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Depresión, falta de apetito, nerviosismo, alergias, dolores musculares o de estómago, retención de líquidos… Todos estos síntomas, que a menudo pasan inadvertidos en la consulta del médico y que no suelen reflejarse en las pruebas de laboratorio, pueden corresponder a una candidiasis crónica. Para erradicar esta enfermedad, tan extendida como solapada, la medicina natural ofrece varias alternativas terapéuticas.
A pesar de que la candidiasis crónica fue reconocida en EE UU a principios de los años ochenta a través del trabajo de Orion Truss y William Crook, ni el público ni la profesión médica tenían entonces una idea de la magnitud del problema. Hoy en día, después de años de investigación y estudio, el tema de la candidiasis sigue siendo ignorado por muchos profesionales de la salud. De hecho, ha sido severa e injustamente criticada por muchos médicos alópatas e incluso por terapeutas de medicina natural. Se dice de ella que es una enfermedad de moda por el hecho de que es diagnosticada y evaluada demasiado a menudo, a pesar de que las pruebas de laboratorio para su diagnóstico suelen resultar negativas.
Sin embargo, no podemos negar que esta enfermedad es un mal de nuestro tiempo. Es un desequilibrio fruto de nuestro estilo de vida moderno: jamás hemos tenido tanta abundancia de comida y, a la vez, hemos estado tan desnutridos como hoy en día, y jamás hemos tomado tantos antibióticos, hormonas sexuales sintéticas (a través de fármacos y de la carne que comemos) y cortisona como en la actualidad. Precisamente, estos factores (que veremos más adelante) son algunos de los más importantes en el desarrollo de este desequilibrio.

Pacientes sin diagnosticar
Cuando hablamos de candidiasis es de vital importancia diferenciar entre dos grandes grupos de personas que la sufren. Por un lado, está el grupo de aquellos pacientes que han sido diagnosticados. Éstos incluyen, principalmente, personas con cándidas vaginales y/u orales; las que sufren de enfermedades inmunodepresoras; las que están recibiendo quimioterapia; y las que sufren de diabetes. En estos casos, la manifestación candidiásica es muy clara. Sin embargo, los tratamientos médicos únicamente se encargan de “calmar” los síntomas, pero no de resolver el problema. Esto hace que los síntomas vuelvan a aparecer intermitentemente, tal vez de por vida.
Por otro lado, está el grupo de personas no diagnosticadas, que suele ser la mayoría de las que sufren de candidiasis crónica. Este grupo se caracteriza por presentar una sintomatología muy extensa, confusa, cíclica y recurrente, pero, sin embargo, las analíticas y pruebas de laboratorio suelen ser normales. Estas personas pueden llevar una vida relativamente normal, a pesar de que siempre se sienten por debajo de sus posibilidades. Debido a esta falta de diagnóstico, y, por consiguiente, a la ausencia de tratamiento, la candidiasis suele hacerse crónica.

Levaduras bajo control
La candidiasis es una infección causada por una levadura de la familia de las Cándidas. Existen unas 150 especies de cándidas distintas; por ejemplo, la Candida Kruse, Candida Glabrata, Candida tropicalis, Candida parapsilosis, etc. Sin embargo, la más común en nuestro organismo es la Candida Albicans.
Las levaduras están presentes en todos los seres humanos poco después de nacer y viven en armonía con nosotros. Se encuentran en la piel, aparato digestivo y genitourinario. Su función es absorber cierta cantidad de metales pesados para que no entren en la sangre, nos ayudan a degradar restos de carbohidratos mal digeridos y, junto con las bacterias, mantienen nuestro equilibrio intestinal y el pH.
La flora intestinal y vaginal, junto con el sistema inmunitario, nos ayudan a mantener estas levaduras bajo control.
Sin embargo, existen una serie de factores que pueden deprimir nuestro sistema inmunitario y desequilibrar la flora intestinal, causando el crecimiento excesivo de estas levaduras y, por consiguiente, la enfermedad. Estos factores son:
–Exceso de azúcar o carbohidratos refinados: Éstos son el alimento principal de las cándidas. Aparte de alimentarlas directamente, los azúcares y harinas refinadas aumentan los niveles de glucosa en la sangre, a través de la cual también podemos alimentarlas.
–Consumo habitual de agua del grifo: El cloro destruye la flora intestinal y el flúor deprime el sistema inmunitario.
–Uso de antibióticos, cortisona y hormonas sexuales sintéticas: Los antibióticos destruyen la flora intestinal bacteriana, pero no las cándidas. Esto hace que puedan crecer sin ningún microorganismo que las controle. Por otro lado, la cortisona deprime el sistema inmunitario, y las hormonas sintéticas, entre otros daños, destruyen ciertos nutrientes (como la vitamina B6) vitales para la salud del sistema inmunitario.
–Embarazo: Durante este etapa los niveles de progesterona aumentan, induciendo a las glándulas endometriales a producir glucógeno, lo cual favorece el crecimiento de las cándidas vaginales. Por otro lado, unos niveles altos de progesterona pueden provocar resistencia a la insulina, causando un exceso de glucosa en la sangre y favoreciendo el crecimiento de las cándidas.
–Estrés continuo: Un exceso de cortisol deprime el sistema inmunitario, aumenta los niveles de glucosa y destruye la flora bacteriana intestinal.
–Disminución de las secreciones digestivas: La falta de ácido clorhídrico y de enzimas digestivas impide la correcta digestión de los alimentos, produciendo fermentación y putrefacción intestinal. Esto genera sustancias irritantes para la mucosa intestinal, favoreciendo el desequilibrio de la flora intestinal y el crecimiento de las cándidas.
–Falta de nutrientes: Precisamos una gran cantidad de nutrientes necesarios para mantener el sistema inmunitario sano, regular las hormonas, mantener una producción sana de secreciones digestivas y regular la glucosa, factores todos de vital importancia para el control de las cándidas. Cuando sufrimos desnutrición, las cándidas tienen más oportunidad de crecer.

Unos síntomas muy variados
Los síntomas de la candidiasis son muchos y pueden ser muy variados. Es muy importante saber por qué la candidiasis puede producir estos síntomas para entender mejor este desequilibrio.
Muchas personas con candidiasis son tratadas como pacientes hipocondríacos, deprimidos y/o ansiosos. Desafortunamente, hay mucha gente con candidiasis que no ha sido diagnosticada y, a cambio, está tomando Prozac, Seroxat o ansiolíticos. Parte de esto es debido a que, normalmente, la candidiasis se relaciona únicamente a los síntomas propios y localizados que crea la infección. Por ejemplo, en general con la candidiasis vaginal sólo se contemplan los síntomas localizados en la vagina, o con una candidiasis oral se presta atención únicamente a los síntomas propiamente de la boca… y los tratamientos son locales. Sin embargo, la candidiasis hay que analizarla en su conjunto, hay que ir más allá de su manifestación localizada.
Un punto muy importante, que normalmente suele ser ignorado a la hora de diagnosticar y tratar la candidiasis, es que su origen suele ser intestinal, aun cuando estemos contemplando una candidiasis vaginal.
Cuando la candidiasis prolifera en el intestino puede cambiar su anatomía y fisiología. Esto quiere decir que puede dejar de ser una levadura y convertirse en un micelio fungal. Se sabe que las cándidas son organismos dimórficos y pueden existir en estas dos formas. En su estado de levadura no es invasiva, mientras que en estado fungal produce rizoides (o raíces muy largas) altamente invasivas que pueden penetrar en la mucosa. Esto puede causar una excesiva permeabilidad de la mucosa intestinal, permitiendo la introducción en la sangre de sustancias (toxinas, proteínas mal digeridas, etc.) que pueden actuar como antígenos, alterando severamente el sistema inmunitario. Por otro lado, una excesiva permeabilidad intestinal puede, a su vez, deteriorar los receptores nutricionales celulares, favoreciendo la mala absorción y, dando como resultado una desnutrición.
Se sabe que las cándidas en su estado fungal pueden producir 79 productos tóxicos; entre ellos el más abundante es el acetildehido. Parte de los efectos del acetildehido son:
* Formación de sustancias vasoactivas, como la adrenalina, produciendo síntomas como nerviosismo, pánico, miedo, taquicardias y sofocos.
* Interferencia con los receptores del la acetilcolina, importante para la memoria y el sistema nervioso.
* Producción de histamina y, por lo tanto, inflamación en cualquier parte del cuerpo.
* Bloqueo de enzimas metabólicas, lo cual puede llevar a bloqueos en la formación de neurotransmisores, por poner un ejemplo
* Destrucción de la vitamina B6, que es importante para la protección de las membranas mucosas, el fortalecimiento del sistema inmunitario, el equilibrio del sistema hormonal y la producción de ácido clorhídrico y enzimas digestivas.
* Depresión del sistema inmunitario.
* Destrucción del glutatión y la cisteína, necesarios para desintoxicar el organismo.
* Reacción con la dopamina, lo cual puede causar depresión, insomnio e incapacidad de respuesta ante el estrés.

El hígado debe filtrar los tóxicos
Por otro lado, las cándidas pueden causar un bloqueo y desequilibrio del sistema hormonal y un sinfín de problemas como síntomas premenstruales, infertilidad y endometriosis, entre otros. Algunas levaduras como la Cándida krusei y la Parapsilosis producen tiaminosa (una enzima) que destruye la vitamina B1. La falta de esta vitamina puede producir síntomas como irritabilidad, dolores musculares, falta de concentración, dolor de estómago, estreñimiento y taquicardias.
También previene la conversión de la vitamina B6 en su forma activa, piridoxal-5-fosfato. Esto puede causar síntomas como retención de líquidos, depresión, irritabilidad, temblores musculares o calambres, falta de energía y piel muy seca. Debido al grado de toxicidad en el que se encuentra el paciente con candidiasis, el hígado tiene que filtrar una gran cantidad de químicos. Este proceso de autointoxicación puede agravar el estado del paciente con candidiasis crónica cuando se encuentra en presencia de perfumes, humos u otros químicos inhalantes.
Los síntomas más comunes en pacientes con candidiasis crónica son: fatiga, malestar general, dolores de cabeza, distensión abdominal, diarreas y/o estreñimiento, indigestión, ardor estomacal, deseo de comer carhohidratos (dulces, pasta, pan, etc.), depresión, mareo, sensación de resaca por las mañanas, dolor de articulaciones y músculos, molestias vaginales (picores, irritación, heridas etc.), retención de líquidos, insomnio, infecciones crónicas, alergias, picor anal, afonía, congestión nasal, ahogo, problemas de uñas, molestias oculares y de oídos…
Las enfermedades y desequilibrios relacionados con una candidiasis crónica son: enfermedad de Crohn, colitis, síndrome del intestino irritable, artritis reumatoide, lupus, asma, psoriasis y eccema, sinusitis, esclerosis múltiple, fibromialgia, síndrome de la fatiga crónica, hipotiroidismo, hipoglucemia, depresión y estados de ansiedad, anemia, acné, urticaria, alergias… Así pues, el tema de la candidiasis no se limita a una sintomatología localizada.

El diagnóstico resulta complicado
Las pruebas de laboratorio no garantizan el diagnóstico fiable de una candidiasis crónica intestinal. Por ejemplo, la mayoría de las células de las cándidas se adhieren a la pared de la mucosa intestinal, por lo cual es difícil que aparezcan en los análisis de heces. Además, muchas de estas células mueren durante la espera del análisis. Es importante no descartar la enfermedad sólo por el hecho de que las pruebas de laboratorio resultan negativas. Es mejor basar el diagnóstico en una evaluación detallada del paciente: síntomas, historial clínico, análisis de su dieta…
En EE UU muchos médicos y terapeutas opinan que el protocolo clínico para la candidiasis presenta tan poco riesgo y costo (sobre todo la dieta) que debería considerarse en cualquier enfermedad crónica.

Cuatro pasos para la curación
El tratamiento de la candidiasis debe englobar dos puntos principales: su eliminación y su prevención. Por esto, es importante corregir sistemáticamente las causas que contribuyen al desarrollo de esta enfermedad. Mi protocolo lo baso en 4 pasos básicos:
1) PREPARACIÓN
Es vital que debilitemos las cándidas antes de atacarlas con un antifungal. De lo contrario, si éstas se encuentran fuertes, podrán combatirlo y con el tiempo se harán resistentes. La mejor forma de debilitarlas es haciéndoles “pasar hambre”. O sea, a través de la alimentación. Es fundamental eliminar:
* Productos y alimentos que contengan azúcares o con sabor dulce (azúcar, sacarina, miel, dextrosa, siropes, refrescos, latas de tomate, cereales de la mañana, productos de bollería y pastelería, postres, helados etc.).
* Fruta.
* Productos lácteos, incluidos los yogures.
* Alcohol.
* Levaduras como el pan, pizzas, cubitos del caldo…
* Patatas, champiñones y setas, calabaza y boniatos.
* Cacahuetes y pistachos.
* Productos fermentados como el vinagre, tempeh, salsa de soja, miso, té…
* Harinas refinadas (arroz blanco, pasta blanca, etc.).
A cambio, se puede comer:
* Carnes, pescado y huevos.
* Vegetales.
* Legumbres.
* Frutos secos y semillas de calabaza, sésamo y girasol.
* Arroz, quinoa, trigo sarraceno, amaranto y mijo.
* Tostadas (crackers) de centeno o tortas de arroz.
* Limón y aguacate.
* Leche de soja, arroz y avena.
* Tofu y soja texturizada.
* Aceite de oliva.
* Zumos vegetales (excepto de zanahoria y remolacha)
* Agua embotellada.
Durante el tiempo de cambio en la dieta es muy posible que el paciente empeore temporalmente. Esto es debido a una desintoxicación y también a que las cándidas están “protestando de hambre”. Si el paciente presenta dificultades en la digestión, como acidez, pesadez estomacal, etc., es importante ayudarle con enzimas digestivas y/o betaína hidrochlorida.
Al cabo de un mes de haber empezado la dieta (y siempre manteniéndola), se puede pasar al segundo paso.
2) ELIMINACIÓN
Después de un mes de dieta y ayudas digestivas, es muy posible que se puedan discontinuar las enzimas y la betaína hidrochlorida. Una vez debilitadas las cándidas, es importante introducir el antifúngico que las destruya. Hoy en día existen muchos antinfúngicos naturales que no producen efectos secundarios y son realmente eficaces. Los que mejores resultados han dado en investigación son el ácido caprílico, sello de oro, extracto de semilla de pomelo, ajo, Pau d´Arco, aceite de orégano, ácido undecilénico y un largo etcétera.
Según mi experiencia, los mejores antifúngicos son aquéllos que contienen distintas sustancias antifúngicas juntas. Es muy importante introducirlos con mucho cuidado, siempre empezando por dosis muy pequeñas y aumentando cada 4 ó 5 días. Si las cándidas se destruyen de golpe, se pueden formar muchas toxinas y producir un empeoramiento muy fuerte de los síntomas. A mí, personalmente, me gusta ir cambiando el antifúngico en función de cómo reacciona el paciente. De esta manera se evita el estancamiento durante el tratamiento.
Hay terapeutas en EE UU que recomiendan 3 ó 4 antifúngicos diferentes que el paciente deberá ir rotando cada cuatro días. Según mi experiencia, es suficiente con cambiar el antifúngico cada 4 ó 6 semanas. En pacientes que tengan mucha sintomatología de desintoxicación, recomiendo darles molibdeno (150 mcg). Este mineral destruye los desechos de las cándidas, conviertiendo el acetaldehido en ácido acético que, en el círculo de Krebs, es convertido en energía.
3) EQUILIBRIO
Cuando los síntomas que presentaba el paciente han remitido en su mayoría, es muy importante reequilibrar la flora intestinal. Este paso no debe hacerse al principio, ya que cuando la pared intestinal está inflamada puede haber una reacción de intolerancia a las bacterias “amigas”. Esto puede causar dermatitis, picores, diarrea, espasmos intestinales y alergias. Además, mientras haya un exceso de cándidas en el intestino, los Lactobacillus no pueden crecer y repoblar el tracto intestinal. Es mucho más efectivo disminuir el crecimiento de las cándidas, reducir la inflamación intestinal y entonces repoblar la flora intestinal.
Las bacterias más abundantes son los Lactobacillus acidophilus y los Bifidobacterium bifidum. Estas bacterias se encargan de inhibir el crecimiento de ciertos organismos, como las cándidas.
Es importante hablar de la repoblación de la flora vaginal. Los Lactobacillus acidophilus habitan la flora vaginal y se encargan de mantener el pH ácido fermentando el glucógeno vaginal y convirtiéndolo en ácido láctico. Existen óvulos y pastillas vaginales para repoblar la flora vaginal.
Otro aspecto importante a tener en cuenta es reestablecer el equilibrio nutricional celular. Ya hemos visto que el paciente con candidiasis crónica normalmente sufre de mala absorción y, por lo tanto, desnutrición celular. Un organismo desnutrido difícilmente dispondrá de un sistema inmunitario sano y fuerte. Se podrían mencionar todos los nutrientes que fortalecen el sistema inmunitario. Sin embargo, es importante evaluar las deficiencias particulares de cada paciente y aconsejarle los suplementos acorde a sus necesidades bioquímicas particulares.
Según mi experiencia, los nutrientes más comúnmente deficientes son la vitamina C, el grupo de las B (especialmente las vitaminas B6, B5 y B3), calcio, magnesio, zinc, cromo y los ácidos grasos esenciales de la familia Omega 3. Las dosis también variarán en función del paciente, pero en términos generales se puede hablar de las siguientes: vitamina C, 1000-4000 mg; vitamina B1, B2 y B3, 100 mg; vitamina B5, 500 mg; vitamina B6, 200 mg; vitamina B12, 100-300 mcg; ácido fólico, 400-800 mcg; magnesio, 400 mg; zinc, 15-60 mg; cromo, 200-600 mcg; omega 3, 800-3000 mg.
Hay que tener cuidado de que las vitaminas del grupo B y el cromo no contengan levadura. No suelo recomendar calcio porque normalmente su deficiencia ocurre en pacientes que curiosamente han tomado lácteos durante muchos años. Esto suele causar un exceso de calcio extracelular (con sus correspondientes calcificaciones) y una sintomatología de deficiencia de calcio intracelular. Así que lo ideal es suplementar durante un tiempo con magnesio y dejar de consumir productos lácteos para que se regularicen los niveles de calcio a nivel celular. Si aún así al cabo de un tiempo se opta por añadir calcio, las dosis variarán entre 500-1000 mg.
De todas formas, es la labor de cada terapeuta y médico evaluar qué nutrientes son prioritarios y cómo administrarlos, si por separado o bien en combinaciones ya preparadas. A esta altura del tratamiento, es aconsejable empezar a introducir lentamente y con cuidado algunos alimentos como fruta, patatas, champiñones y ciertos fermentados, y observar si se toleran bien. Esta fase de introducción es muy importante, ya que el paciente se irá dando cuenta claramente de qué tipo de alimentos favorecen su estado de salud y cuáles no.
Durante esta etapa confirmará que existe una relación muy directa entre la alimentación y su estado de salud. Esto le ayudará a perfilar su tipo de alimentación idónea que adoptará de por vida. Este paso es fundamental como prevención de una recaída en el futuro.
4) REPARACIÓN
Una vez que la infección ha remitido, la flora intestinal está equilibrada y el organismo del paciente dispone de una buena dosis de nutrientes, es conveniente introducir ciertos nutrientes reparadores de la pared intestinal. Los más efectivos en esta etapa son la vitamina A (7500-20000 u.i.), y la L-Glutamina (500-1500 mg); también los ácidos grasos esenciales, pero normalmente éstos ya los están tomando desde la etapa anterior. Todo estos nutrientes se encargan de reparar, sellar y fortalecer la pared intestinal. Otro nutriente que aconsejo tomar durante un tiempo como medida preventiva es la biotina (300-1000 mcg), para evitar que las levaduras sanas y presentes en el intestino crezcan y pasen de ser inofensivas levaduras a agresivos microorganismos.

La curación es un proceso largo
El tratamiento de la candidiasis crónica puede durar entre 3 y 8 meses. Hay expertos que opinan que por cada año de candidiasis crónica se necesita un mes de recuperación. Yo he observado que es bastante acertada esta comparación. El tratamiento requiere paciencia y mucho apoyo al paciente. Es importante que el terapeuta conozca y entienda bien esta enfermedad y su proceso curativo, porque su apoyo es fundamental para la recuperación del enfermo. Al principio del tratamiento, es normal que haya altibajos que pueden provocar desconcierto en el paciente. Es importante que lo sepa para que ni se asuste ni se desmotive. Al final del tratamiento, el paciente además de sentirse fabulosamente (según dicen, como nunca se habían sentido antes), también ha descubierto su tipo de alimentación ideal, la que potencia su salud. Esto le servirá como prevención para evitar otra candidiasis y muchos otros desequilibrios en el futuro.
Creo que es muy positivo hacer consciente al paciente de que es importante sacar provecho y aprender de la enfermedad. De lo contrario, la sensación que le deja ésta es de vacío y miedo a que se vuelva a repetir. Siempre les digo a mis pacientes que gracias a sus cándidas han aprendido tres cosas muy importantes: saber alimentarse, saber escucharse y conocerse mejor. Tres piezas clave, no solamente para la prevención de la candidiasis, sino también para conseguir una salud óptima.

Cala H. Cervera. Nutricionista ortomolecular

Revista Verano 2004

 

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