1 Los móviles funcionan mediante la transmisión de ondas de radiofrecuencia (RF) no ionizantes. Está demostrado que estas ondas, en niveles muy altos de emisión, pueden ser perjudiciales debido al calentamiento que producen. Múltiples investigaciones intentan demostrar si también son nocivas cuando son de baja potencia, como en el caso de los móviles. Además, algunos estudios, y así lo reconoce el informe Stewart, han descubierto la posibilidad de que estas radiaciones provoquen otros efectos no térmicos incluso en emisiones bajas. Una investigación publicada en «The Lancet», dirigida por el doctor Gerald Hyland, de la Universidad de Warwick, concluye que sería incongruente pensar que la radiación de los móviles, capaz de interferir en los mandos de un avión, no lo pudiese hacer en nuestro cerebro, un «instrumento electromecánico de exquisita sensibilidad».
2 La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha publicado una revisión de los últimos estudios, concluyendo que ninguno demostró «efectos adversos a niveles que se encuentran por debajo de los límites internacionales». Pero «el vacío en las investigaciones -reconoce el informe- ha determinado la necesidad de ampliarlas para hacer mejores evaluaciones de los riesgos para la salud». Así, se ha puesto en marcha un estudio epidemiológico, coordinado en más de 10 países por la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer, para comprobar si hay relación entre móviles y cáncer de cabeza y cuello. Se espera que termine en 2003.
3 Es precisamente el cáncer uno de los efectos que se ha atribuido a los móviles y el que más investigaciones está ocasionando. La OMS dice que es «improbable» que la exposición a campos de RF induzca o produzca cáncer. El mayor estudio sobre el tema, realizado en Dinamarca con 420.000 usuarios, determinó que no había relación con el cáncer, pero sí con algunas enfermedades del sistema nervioso, cutáneas y desórdenes neurológicos (dolores de cabeza, mareos o pérdidas de memoria). Actualmente, hay en curso más de 200 investigaciones a este respecto.
4 Cambios en la actividad normal del cerebro, el tiempo de reacción y los patrones de sueño son otros efectos achacados a los móviles. En la Facultad de Biología de Valencia, el doctor Javier Núñez ha llevado a cabo una investigación con ratones en la que demostró que las radiaciones de los móviles provocan perturbaciones en el ciclo de sueño y vigilia. En el experimento, los animales recibían dosis de radiaciones equivalentes a las de un usuario medio, lo que les provocaba un estrés inmediato que no desaparecía al cesar la radiación. En la Universidad de Zurich, varios especialistas han llevado a cabo un estudio que demuestra que «una breve exposición al campo electromagnético generado por los móviles afecta a la fisiología del cerebro». El experimento consistió en someter a dieciséis personas a radiaciones electromagnéticas, en una cantidad similar a la que genera un GSM a 900 megaherzios (el terminal más común en Europa) en un lado de la cabeza durante 30 minutos antes de meterse en la cama. Durante las primeras fases del sueño, la actividad cerebral aumentaba considerablemente.
5 Un sinfín de estudios han demostrado de forma unánime que utilizar el móvil cuando se está al volante es muy peligroso, por lo que muchos países, entre ellos España, prohiben utilizarlo cuando se conduce. También ha quedado demostrado que las ondas electromagnéticas pueden interferir en cierto tipo de marcapasos, en implantes tipo desfibrilador y en algunos audífonos, además de en los mandos de los aviones.
6 Prevenir es curar y, por eso, el Informe Stewart estableció una serie de recomendaciones, que también comparte la OMS. Entre otras, se aconseja que los menores de 16 años no utilicen el móvil más de lo estrictamente necesario, ya que su sistema nervioso está en desarrollo y las consecuencias de una exposición excesiva a las radiaciones podrían ser más graves que en los adultos. Y a las compañías telefónicas se les pide que ofrezcan el máximo de información a sus clientes sobre los riesgos que conlleva el uso de móviles, y que levanten las antenas de transmisión lejos de zonas residenciales o escolares.
7 En cuanto a estas antenas que sirven como enlaces de las ondas (sólo en Madrid hay 6.000 sobre los tejados), el gobierno español se comprometió el mes pasado a «garantizar el cumplimiento de lo recomendado por la Unión Europea». Es decir, que no se autorice ninguna antena a menos de 15 metros de las viviendas, y que se desmonten las emplazadas en colegios.
8 Elegir el modelo de menor potencia es otra de las medidas de precaución, aunque hacerlo en España todavía es difícil porque las compañías no están obligadas (sólo hay un compromiso del gobierno a instar que lo hagan), como sí ocurre en Estados Unidos o Inglaterra, a informar a los usuarios de las tasas de emisión que emite cada modelo. También es aconsejable desconectarlo mientras se duerme y reducir su uso cotidiano todo lo que se pueda. Al ser la antena la mayor fuente de radiaciones, es bueno retirarla lo más posible de la cabeza, algo que permiten hacer los aparatos con antenas extraíbles o bien optando por un 'kit manos libres'. Eso sí, el informe Stewart dice que sólo deben utilizarse aquellos de probada efectividad.
9 La legislación española no contempla ninguna cifra límite de emisiones y se sigue la recomendación del Comité Europeo de Normalización Electrotécnica (CENELEC): 0,45 microwatios por cm. Sin embargo, para algunos expertos como Raúl de la Rosa, presidente de la Asociación de Estudios Geobiológicos (GEA), la cifra es alta ya que se ha demostrado que hay respuestas biológicas a niveles de radiación mucho más bajos. La Unión Europea recomienda a los fabricantes, sin obligarles, que ofrezcan información sobre la cantidad de radiación de cada aparato.
10 La Asociación de Estudios Geobiológicos (GEA) explica que, en el caso de los teléfonos, los riesgos dependen del tiempo de uso, del tipo de aparato y de la sensibilidad de cada persona. Por su parte, en el caso de las estaciones base repetidores, hay que tener en cuenta la distancia a la que se viva de ellas, su potencia y orientación, así como de las condiciones físicas y la edad de las personas que viven cerca, siendo mayor el riesgo para enfermos del corazón, ancianos y niños.
Más información: GEA. Tel. 96 374 36 87 www.gea-es.org * OMS.www.who.int Informe Stewart: www.iegmp.org.uk/EGMP.htm
No hay justificación posible. Aunque no existiera riesgo (caso irreal, porque hay afectados), no se puede exponer a la población a la posibilidad de perder parte de su salud. Si ahora existe un millón de veces más energía electromagnética en la atmósfera que hace 20 años, la situación no puede ser la misma. Teníamos radares, aparatos eléctricos, ondas de radio, y también nos meten las antenas de telefonía en la misma cocina de casa. No hay que ser muy miope para darse cuenta de que el teléfono móvil no funciona a pilas, ni de que la cobertura viene del cielo. La comunidad científica, política y médica tenía que haber ido más rápido y prever los problemas que ahora sufren muchos vecinos de nuestras poblaciones. Las empresas de telefonía móvil no pueden experimentar sin avisar, quieren tenernos como conejillos de indias. Nosotros nos negamos a ser esa muestra de población experimental para que nos estudien dentro de diez años, cuando el daño ya esté hecho. Por ello, pedimos solidaridad a todos los que sin ser hoy afectados, mañana podáis serlo si la avaricia de vuestros vecinos opta por poneros una de estas antenas encima de vuestra cama. Por otro lado, solicitamos la responsabilidad de estos 'homicidas involuntarios', tanto las empresas (que únicamente miran por su record de ventas) como los medios políticos, sobre todo los ayuntamientos, que son quienes autorizan y 'supuestamente' controlan estas instalaciones.
Carta al director publicada en El Correo Español - El Pueblo Vasco el 14 de junio de 2001