“Cada día nos llegan noticias de personas que
creen ver afectada su salud después de haberles instalado una antena de
telefonía móvil cerca de su casa, cuando antes habían estado viviendo sin
problemas en el mismo sitio.
Los trastornos más frecuentes que nos detallan estas personas se relacionan con
el sistema vegetativo, la presión arterial, trastornos del sueño, alteraciones
coronarias...”
“La exposición continuada puede generar una
sensibilización que se manifiesta en forma de reacciones alérgicas y eritemas
cutáneos, con sensación de ardor intenso en la piel”
Nuestro entorno se encuentra cada día más afectado por la presencia de
radiaciones contaminantes, ajenas al medio ambiente natural. Radares, emisoras
de radio y televisión, satélites meteorológicos, satélites de vigilancia con
fines militares, emisoras de radio de la policía, de taxistas, de control del
tráfico rodado, de radioaficionados y especialmente en los últimos tiempos, con
la complicidad administrativa, radiaciones de microondas de las distintas
compañías de telefonía móvil...
Todo ello contribuye a que estemos constantemente sometidos a radiaciones
electromagnéticas de alta frecuencia, de una intensidad sin precedentes y cuyos
efectos a largo plazo, tanto sobre el organismo humano como sobre la flora y
fauna, son poco conocidos, pero ya comienzan a quedar patentes sus riesgos.
El teléfono móvil digital o GSM se está implantando en España y las distintas
compañías están colocando a toda prisa antenas zonales en los tejados de los
edificios de las ciudades, ante la ignorancia de los vecinos y gracias a las
elevadas compensaciones económicas que ofrecen. Todo ello sucede en medio de un
vacío legal que permite la impunidad frente a los posibles riesgos que estas
radiaciones suponen para la salud. Amparados por organismos internacionales,
asesorados y dirigidos por los propios interesados, se establecen unos valores
máximos recomendados tan absurdos, según los resultados de múltiples estudios e
investigaciones independientes, como decir que la dosis máxima de lejía es de 10
litros diarios. Lo único inocuo y seguro en ambos casos es la dosis 0.
En mi último libro "El Lugar y la Vida, cómo edificar casas sanas y ecológicas y
mejorar los edificios enfermos", explico los riesgos que podemos encontrar en
las viviendas: materiales tóxicos (pinturas, barnices, aglomerados,
estructuras...), contaminantes interiores y exteriores, etc., y las alternativas
para reformar o crear una casa sana y ecológica según los criterios de la
bioconstrucción. Y, claro está, dentro de los riesgos figuran las radiaciones
electromagnéticas (líneas de alta tensión, transformadores, la propia
instalación interior...) incluyendo la telefonía móvil. Existen claros indicios
de que las radiaciones emitidas por los teléfonos y las estaciones de telefonía
móvil pueden ser altamente perjudiciales para la salud. Estas radiaciones de
alta frecuencia, del rango de las microondas, interfieren en los principales
procesos metabólicos de los seres vivos, según se ha demostrado en trabajos de
laboratorio .
Cada día nos llegan noticias de personas que creen ver afectada su salud después
de haberles instalado una antena de telefonía móvil cerca de su casa, cuando
antes habían estado viviendo sin problemas en el mismo sitio. Los trastornos más
frecuentes que nos detallan estas personas se relacionan con el sistema
vegetativo, la presión arterial, trastornos del sueño, alteraciones coronarias,
etc. El riesgo de padecer los efectos de estas altas frecuencias depende de la
distancia a la que vivamos de la antena, de su potencia y de su orientación, así
como de las condiciones físicas y la edad, ya que el riesgo es mayor para las
personas enfermas del corazón y de más edad, así como para los niños. La
exposición continuada puede generar una sensibilización que se manifiesta en
forma de reacciones alérgicas y eritemas cutáneos, con sensación de ardor
intenso en la piel.
Los procesos vitales del organismo son regulados por débiles campos
electromagnéticos y cualquier alteración favorece la aparición de trastornos.
Además, los campos eléctricos y magnéticos afectan de modo complejo a los
procesos básicos de la célula, y muy especialmente a nivel de membrana celular,
ya que ésta tiene un papel primordial en la comunicación intercelular. Ello
explica el hecho de que los campos electromagnéticos afecten fundamentalmente a
la división celular, al sistema nervioso y a la actividad cerebral.
La radiación y el cerebro
Hace casi 20 años que los investigadores Adey, Gavalas-Medici y Bawin
constataron que una radiación modulada a 147 Mhz (la telefonía móvil usa 900 Mhz)
y una intensidad de campo de únicamente 1 miliWatio/cm2 y a unas frecuencias de
modulación concretas, era capaz de alterar fuertemente el electroencefalograma
de un gato. Más tarde, Adey constató que los cerebros de pollos sometidos a una
radiación de 147 Mhz y modulaciones entre 6 y 20 Hz aumentaban el flujo de
calcio hasta un 20%. Los resultados demuestran que esta radiación produce
alteraciones en el cerebro.
Por su parte los doctores Henry Lai y N.P. Singh, ambos de la Universidad de
Washington, encontraron roturas en los enlaces simples y dobles de DNA en el
tejido cerebral de ratones expuestos a microondas de bajo nivel.
¿Estamos irritados?
En una serie de experimentos con animales como los que realicé, junto a Javier
Núñez, en la Facultad de Biológicas de Valencia, se observaron cambios en su
comportamiento. En dichas pruebas se comprobó repetidamente que el efecto
biológico de las radiaciones pulsantes de alta frecuencia es mucho mayor que el
de las mismas radiaciones no-pulsantes. En ese sentido, Frey (1988) informa
sobre los efectos de microondas pulsantes sobre la actitud de huida de los
animales, a partir de 0,2 mW/cm2. Otros investigadores del comportamiento han
sido Hunt y otros (1975), Seaman y otros (1981), Servantie y otros (1977) y
Baranski (1976). Incluso a dosis menores se produce una rotura del ciclo de
actividad y descanso de los animales, lo cual se puede comparar a un fuerte
estrés.
Frey (1988) informa de efectos de la radiación de alta frecuencia sobre los
neuropéptidos, lo cual, a su vez, produce efectos neuroendocrinos y trastornos
en la conducta. Frey llega a afirmar que la radiación de alta frecuencia afecta
a la red sicoinmunoendocrina, la cual vincula estrechamente la conducta con el
sistema nervioso central y las estructuras neuroendocrinas. Todo ello se traduce
en trastornos en la conducta en hombres y animales.
¿Cómo vamos de memoria?
Lynch y Baudry (1984) sostienen la tesis de que la capacidad de retentiva o
memoria puede verse afectada por las pulsaciones de alta frecuencia y en el caso
de los usuarios de móviles el cerebro es el órgano más cercano al foco emisor.
Los resultados de los investigadores alemanes Bert Sakmann y Erwin Neher, que
recibieron el premio Nobel de medicina en 1992, suministran nuevos conocimientos
acerca de cómo los delicados procesos bioeléctricos en el cerebro y en el
sistema nervioso son inhibidos y alterados por influencias medioambientales de
campos electromagnéticos artificiales. Ambos científicos demostraron a lo largo
de investigaciones de varios años, que todas las funciones de nuestro organismo
son reguladas mediante débiles corrientes eléctricas. Las alteraciones de estos
procesos bioeléctricos por ingerencias externas de campos electromagnéticos
alteran mayormente las funciones cerebrales, como ocurre de forma muy acusada en
el caso de la enfermedad de Alzheimer.
Cáncer y radiaciones
Una serie de experimentos en células y también en animales vivos indican que las
radiaciones de alta frecuencia pueden causar cáncer. Según el Informe NCRP de
1986, las ratas presentan un incremento de tumoraciones si son expuestas a
radiaciones de microondas pulsantes (2,45 Ghz) con 0,5 mW/cm2. Los experimentos
con cultivos celulares, realizados igualmente a 2,45 Ghz, muestran igualmente un
incremento de 3,5 veces de la tasa de transformación (Balcer-Kubicek y otros.
1985).
Keilmann y Grundler constataron en sus experimentos con cultivos de levaduras
que se producían fuertes variaciones
en la tasa de división celular, tanto aceleraciones como retrasos, los cuales
dependían en gran medida de la frecuencia utilizada. Según Kühne (1989) también
parecen producirse efectos mutágenos a densidades de flujo inferiores a los
efectos térmicos, comprobándose que el ADN absorbe la radiación de alta
frecuencia (Edwards y otros 1983, Swicord/Davis 1982). Liboff y Homer (1983)
observaron un incremento en la síntesis del ADN.
Hace ya más de 10 años, el doctor Bill Guy, entonces perteneciente a la
Universidad de Washington, publicó los resultados de un estudio a largo plazo,
en el que las ratas expuestas a microondas pulsantes de 2450 MHz con 0.15 a 0.4
W/kg mostraban un incremento de tumores malignos, estadísticamente significativo
por comparación con los grupos de control.
El doctor Stanislaw Szmigielski y otros (1988) hablan de una reacción bifásica
del sistema inmunológico expuesto a radiación de alta frecuencia: Después de una
primera exposición única o de varios días seguidos de exposición, se produce una
estimulación del sistema inmunológico hormonal. Si la exposición a altas
frecuencias se mantiene durante algunos meses, o si la intensidad aumenta, se
produce una paulatina inhibición -si bien reversible- del sistema inmunitario.
En 1995, Szmigielki informó de unas tasas significativamente más altas de
linfomas y leucemia en el personal militar polaco expuesto a radiaciones de RF/MW
de radar y aparatos de comunicación, muchos de los cuales usaban señales
pulsantes. Szmigielki trabaja en el Centro para Radiobiología y Seguridad contra
Radiación así como en el Instituto Militar de Higiene y Epidemiología, ambos de
Warschau.
Algunas investigaciones se han realizado con valores superiores a los que recibe
un usuario de teléfono móvil o de una persona que vive cerca de antenas pero
otras investigaciones de conocidos institutos internacionales han demostrado que
la exposición a radiaciones de alta frecuencia aunque sea a densidades de flujo
que están muy por debajo de los actuales valores orientativos de la norma DIN
VDE 0848 tienen efectos biológicos y pueden causar daños en la salud. A
densidades de flujo de únicamente 0,0001 microWatio/cm2 y a distintas
frecuencias se han podido medir alteraciones en la permeabilidad de la membrana
encefálica al flujo de los iones calcio. El efecto es especialmente intenso
cuando se producen pérdidas de calcio en el líquido que rodea el cerebro. En el
cuerpo humano hay toda una serie de procesos metabólicos importantes que
dependen de los iones calcio, y por lo tanto todos ellos se ven afectados. Así
por ejemplo, en la secreción de líquidos hormonales que facilitan la
retransmisión de las estimulaciones nerviosas.
Otras alteraciones son: trastornos en el funcionamiento cerebral y otras
modificaciones patológicas cerebrales, debilitamiento del sistema inmunitario,
aceleración del crecimiento de células cancerosas, especialmente en tumores
cerebrales, alteraciones en la información genética; modificaciones genéticas y
malformaciones.
Como sea que la capacidad conductora de impulsos de los nervios queda afectada
por la acción repetida y constante de los campos electromagnéticos de HF y baja
intensidad, se altera la capacidad de transmitir información y automáticamente,
también los procesos naturales en todo el organismo se falsean, inhiben y
alteran.
Incluso a densidades de flujo de sólo 0,0000001 microWatios/cm2 todavía se ha
podido constatar un efecto fácilmente reproducible en un amplio rango de
frecuencias. Si partimos de la base de que toda reacción produce un efecto de
estrés, entonces resulta que incluso esta dosis de radiación tan mínima puede
implicar ya un sobreesfuerzo del organismo, aunque la misma no produzca daños de
forma inmediata.
Punto y seguido
Conforme al actual estado de conocimientos, hay que partir del hecho de que los
efectos no-térmicos de CEM de alta frecuencia y pulsantes son perjudiciales para
el ser humano. Esto es aplicable a la radiación de la telefonía móvil digital,
que al parecer es especialmente efectiva a nivel biológico.
Los estudios epidemiológicos relativos a cáncer y sistema inmunitario, actividad
cerebral y modificaciones del comportamiento nos indican que los efectos
no-térmicos pueden muy bien manifestarse como daños en la salud, aunque se
dieran en determinadas y concretas "ventanas" de frecuencia y amplitud
moduladas, es imperativamente necesario aclarar cuales sean las "ventanas", con
el fin de evitar las correspondientes frecuencias de modulación en la tecnología
de telecomunicaciones.
Según un estudio australiano financiado por Telstra (antes llamada Telecom
Australia), los ratones expuestos a una radiación de microondas como la que
emiten los teléfonos móviles digitales GSM, desarrollaron el doble de linfomas
que el grupo de control.
El estudio australiano es el segundo que demuestra actividad biológica producida
por una señal de teléfono móvil. El año pasado, el Dr. Ross Adey del VA Hospital
de Loma Linda, California, anunció que una señal parece tener un efecto de
cáncer para los ratones expuestos. Cuando Adey repitió el experimento usando una
señal copiada de un teléfono analógico, el cual no es pulsante, no se produjo
ningún efecto. Esto nos indica que es precisamente la digitalización del sistema
el principal agente nocivo y a diferencia de los teléfonos móviles analógicos,
los modelos digitales GSM, usan señales pulsantes. Por ello, Adey declaró en una
entrevista: "Parece que ahora tenemos dos efectos no-térmicos, los dos
conectados con campos pulsantes, y una vez más tenemos que investigar la
posibilidad de que sea la modulación de baja frecuencia el elemento esencial en
el efecto observado".
En 1995 el Ministerio de Salud alemán prohibió el uso de portátiles en las
consultas médicas y en los hospitales, y en EE.UU. está vedada su utilización en
dependencias públicas. Así mismo, en varios países europeos ya se han tomado
diversas medidas y se ha negado la instalación de las antenas en las consultas
médicas y centros de salud.
La Comisión Europea ha destinado ante la preocupación de los efectos de los
teléfonos portátiles tres mil millones de pesetas con el fin de elaborar un
estudio para determinar las repercusiones de los teléfonos móviles sobre la
salud.
Las companías de seguros, bien pragmáticas defendiendo sus intereses, hace
tiempo que son conscientes de los riesgos de las radiaciones electromagnéticas.
Por ejemplo, la Companía de Seguros Allianz manifiesta: "desde 1993 en la
industria excluimos la cobertura del riesgo por radiaciones electromagnéticas",
no quieren arriesgarse a futuras reclamaciones por daños en la salud tal como
sucede con las compañías tabaqueras.
Y mientras, en España, la Comisión de Sanidad del Congreso rechazó, por 21 votos
en contra y 15 a favor, una proposición no de ley por la que se instaba al
gobierno a iniciar estudios para comprobar los efectos nocivos de la radiación
procedente de las antenas de telefonía móvil, con el peregrino argumento de que
no estaba demostrado el riesgo; obviamente pues para comprobarlo se planteaba
este estudio, pues si estuviera demostrado no haría falta hacerlo, simplemente
habría que quitarlas. Así múltiples movimientos ciudadanos surgen por toda la
península negándose a vivir cerca de estas antenas. En Olmedo (Valladolid) 200
personas se manifestaron en contra de una antena logrando que se retirara del
casco urbano. Otras muchas comunidades de vecinos como la del número 13 de la
calle Gernikako Arbola, en el barrio vitoriano de Ipar Arriaga, han rechazado la
millonaria oferta de las compañías de telefonía y se han negado a que la
compañía Telefónica Servicios Móviles instalara una base de antenas para
teléfonos portátiles.