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Noticia
Repetidores de telefonía móvil, La invasión de las microondas
Fecha del artículo 1/12/1998 / Fecha de alta en Natural 1/8/2004

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“Cada día nos llegan noticias de personas que creen ver afectada su salud después de haberles instalado una antena de telefonía móvil cerca de su casa, cuando antes habían estado viviendo sin problemas en el mismo sitio.
Los trastornos más frecuentes que nos detallan estas personas se relacionan con el sistema vegetativo, la presión arterial, trastornos del sueño, alteraciones coronarias...”

“La exposición continuada puede generar una sensibilización que se manifiesta en forma de reacciones alérgicas y eritemas cutáneos, con sensación de ardor intenso en la piel”

Nuestro entorno se encuentra cada día más afectado por la presencia de radiaciones contaminantes, ajenas al medio ambiente natural. Radares, emisoras de radio y televisión, satélites meteorológicos, satélites de vigilancia con fines militares, emisoras de radio de la policía, de taxistas, de control del tráfico rodado, de radioaficionados y especialmente en los últimos tiempos, con la complicidad administrativa, radiaciones de microondas de las distintas compañías de telefonía móvil...
Todo ello contribuye a que estemos constantemente sometidos a radiaciones electromagnéticas de alta frecuencia, de una intensidad sin precedentes y cuyos efectos a largo plazo, tanto sobre el organismo humano como sobre la flora y fauna, son poco conocidos, pero ya comienzan a quedar patentes sus riesgos.
El teléfono móvil digital o GSM se está implantando en España y las distintas compañías están colocando a toda prisa antenas zonales en los tejados de los edificios de las ciudades, ante la ignorancia de los vecinos y gracias a las elevadas compensaciones económicas que ofrecen. Todo ello sucede en medio de un vacío legal que permite la impunidad frente a los posibles riesgos que estas radiaciones suponen para la salud. Amparados por organismos internacionales, asesorados y dirigidos por los propios interesados, se establecen unos valores máximos recomendados tan absurdos, según los resultados de múltiples estudios e investigaciones independientes, como decir que la dosis máxima de lejía es de 10 litros diarios. Lo único inocuo y seguro en ambos casos es la dosis 0.
En mi último libro "El Lugar y la Vida, cómo edificar casas sanas y ecológicas y mejorar los edificios enfermos", explico los riesgos que podemos encontrar en las viviendas: materiales tóxicos (pinturas, barnices, aglomerados, estructuras...), contaminantes interiores y exteriores, etc., y las alternativas para reformar o crear una casa sana y ecológica según los criterios de la bioconstrucción. Y, claro está, dentro de los riesgos figuran las radiaciones electromagnéticas (líneas de alta tensión, transformadores, la propia instalación interior...) incluyendo la telefonía móvil. Existen claros indicios de que las radiaciones emitidas por los teléfonos y las estaciones de telefonía móvil pueden ser altamente perjudiciales para la salud. Estas radiaciones de alta frecuencia, del rango de las microondas, interfieren en los principales procesos metabólicos de los seres vivos, según se ha demostrado en trabajos de laboratorio .
Cada día nos llegan noticias de personas que creen ver afectada su salud después de haberles instalado una antena de telefonía móvil cerca de su casa, cuando antes habían estado viviendo sin problemas en el mismo sitio. Los trastornos más frecuentes que nos detallan estas personas se relacionan con el sistema vegetativo, la presión arterial, trastornos del sueño, alteraciones coronarias, etc. El riesgo de padecer los efectos de estas altas frecuencias depende de la distancia a la que vivamos de la antena, de su potencia y de su orientación, así como de las condiciones físicas y la edad, ya que el riesgo es mayor para las personas enfermas del corazón y de más edad, así como para los niños. La exposición continuada puede generar una sensibilización que se manifiesta en forma de reacciones alérgicas y eritemas cutáneos, con sensación de ardor intenso en la piel.
Los procesos vitales del organismo son regulados por débiles campos electromagnéticos y cualquier alteración favorece la aparición de trastornos. Además, los campos eléctricos y magnéticos afectan de modo complejo a los procesos básicos de la célula, y muy especialmente a nivel de membrana celular, ya que ésta tiene un papel primordial en la comunicación intercelular. Ello explica el hecho de que los campos electromagnéticos afecten fundamentalmente a la división celular, al sistema nervioso y a la actividad cerebral.

La radiación y el cerebro
Hace casi 20 años que los investigadores Adey, Gavalas-Medici y Bawin constataron que una radiación modulada a 147 Mhz (la telefonía móvil usa 900 Mhz) y una intensidad de campo de únicamente 1 miliWatio/cm2 y a unas frecuencias de modulación concretas, era capaz de alterar fuertemente el electroencefalograma de un gato. Más tarde, Adey constató que los cerebros de pollos sometidos a una radiación de 147 Mhz y modulaciones entre 6 y 20 Hz aumentaban el flujo de calcio hasta un 20%. Los resultados demuestran que esta radiación produce alteraciones en el cerebro.
Por su parte los doctores Henry Lai y N.P. Singh, ambos de la Universidad de Washington, encontraron roturas en los enlaces simples y dobles de DNA en el tejido cerebral de ratones expuestos a microondas de bajo nivel.
¿Estamos irritados?
En una serie de experimentos con animales como los que realicé, junto a Javier Núñez, en la Facultad de Biológicas de Valencia, se observaron cambios en su comportamiento. En dichas pruebas se comprobó repetidamente que el efecto biológico de las radiaciones pulsantes de alta frecuencia es mucho mayor que el de las mismas radiaciones no-pulsantes. En ese sentido, Frey (1988) informa sobre los efectos de microondas pulsantes sobre la actitud de huida de los animales, a partir de 0,2 mW/cm2. Otros investigadores del comportamiento han sido Hunt y otros (1975), Seaman y otros (1981), Servantie y otros (1977) y Baranski (1976). Incluso a dosis menores se produce una rotura del ciclo de actividad y descanso de los animales, lo cual se puede comparar a un fuerte estrés.
Frey (1988) informa de efectos de la radiación de alta frecuencia sobre los neuropéptidos, lo cual, a su vez, produce efectos neuroendocrinos y trastornos en la conducta. Frey llega a afirmar que la radiación de alta frecuencia afecta a la red sicoinmunoendocrina, la cual vincula estrechamente la conducta con el sistema nervioso central y las estructuras neuroendocrinas. Todo ello se traduce en trastornos en la conducta en hombres y animales.
¿Cómo vamos de memoria?
Lynch y Baudry (1984) sostienen la tesis de que la capacidad de retentiva o memoria puede verse afectada por las pulsaciones de alta frecuencia y en el caso de los usuarios de móviles el cerebro es el órgano más cercano al foco emisor.
Los resultados de los investigadores alemanes Bert Sakmann y Erwin Neher, que recibieron el premio Nobel de medicina en 1992, suministran nuevos conocimientos acerca de cómo los delicados procesos bioeléctricos en el cerebro y en el sistema nervioso son inhibidos y alterados por influencias medioambientales de campos electromagnéticos artificiales. Ambos científicos demostraron a lo largo de investigaciones de varios años, que todas las funciones de nuestro organismo son reguladas mediante débiles corrientes eléctricas. Las alteraciones de estos procesos bioeléctricos por ingerencias externas de campos electromagnéticos alteran mayormente las funciones cerebrales, como ocurre de forma muy acusada en el caso de la enfermedad de Alzheimer.
Cáncer y radiaciones
Una serie de experimentos en células y también en animales vivos indican que las radiaciones de alta frecuencia pueden causar cáncer. Según el Informe NCRP de 1986, las ratas presentan un incremento de tumoraciones si son expuestas a radiaciones de microondas pulsantes (2,45 Ghz) con 0,5 mW/cm2. Los experimentos con cultivos celulares, realizados igualmente a 2,45 Ghz, muestran igualmente un incremento de 3,5 veces de la tasa de transformación (Balcer-Kubicek y otros. 1985).
Keilmann y Grundler constataron en sus experimentos con cultivos de levaduras que se producían fuertes variaciones
en la tasa de división celular, tanto aceleraciones como retrasos, los cuales dependían en gran medida de la frecuencia utilizada. Según Kühne (1989) también parecen producirse efectos mutágenos a densidades de flujo inferiores a los efectos térmicos, comprobándose que el ADN absorbe la radiación de alta frecuencia (Edwards y otros 1983, Swicord/Davis 1982). Liboff y Homer (1983) observaron un incremento en la síntesis del ADN.
Hace ya más de 10 años, el doctor Bill Guy, entonces perteneciente a la Universidad de Washington, publicó los resultados de un estudio a largo plazo, en el que las ratas expuestas a microondas pulsantes de 2450 MHz con 0.15 a 0.4 W/kg mostraban un incremento de tumores malignos, estadísticamente significativo por comparación con los grupos de control.
El doctor Stanislaw Szmigielski y otros (1988) hablan de una reacción bifásica del sistema inmunológico expuesto a radiación de alta frecuencia: Después de una primera exposición única o de varios días seguidos de exposición, se produce una estimulación del sistema inmunológico hormonal. Si la exposición a altas frecuencias se mantiene durante algunos meses, o si la intensidad aumenta, se produce una paulatina inhibición -si bien reversible- del sistema inmunitario. En 1995, Szmigielki informó de unas tasas significativamente más altas de linfomas y leucemia en el personal militar polaco expuesto a radiaciones de RF/MW de radar y aparatos de comunicación, muchos de los cuales usaban señales pulsantes. Szmigielki trabaja en el Centro para Radiobiología y Seguridad contra Radiación así como en el Instituto Militar de Higiene y Epidemiología, ambos de Warschau.
Algunas investigaciones se han realizado con valores superiores a los que recibe un usuario de teléfono móvil o de una persona que vive cerca de antenas pero otras investigaciones de conocidos institutos internacionales han demostrado que la exposición a radiaciones de alta frecuencia aunque sea a densidades de flujo que están muy por debajo de los actuales valores orientativos de la norma DIN VDE 0848 tienen efectos biológicos y pueden causar daños en la salud. A densidades de flujo de únicamente 0,0001 microWatio/cm2 y a distintas frecuencias se han podido medir alteraciones en la permeabilidad de la membrana encefálica al flujo de los iones calcio. El efecto es especialmente intenso cuando se producen pérdidas de calcio en el líquido que rodea el cerebro. En el cuerpo humano hay toda una serie de procesos metabólicos importantes que dependen de los iones calcio, y por lo tanto todos ellos se ven afectados. Así por ejemplo, en la secreción de líquidos hormonales que facilitan la retransmisión de las estimulaciones nerviosas.
Otras alteraciones son: trastornos en el funcionamiento cerebral y otras modificaciones patológicas cerebrales, debilitamiento del sistema inmunitario, aceleración del crecimiento de células cancerosas, especialmente en tumores cerebrales, alteraciones en la información genética; modificaciones genéticas y malformaciones.
Como sea que la capacidad conductora de impulsos de los nervios queda afectada por la acción repetida y constante de los campos electromagnéticos de HF y baja intensidad, se altera la capacidad de transmitir información y automáticamente, también los procesos naturales en todo el organismo se falsean, inhiben y alteran.
Incluso a densidades de flujo de sólo 0,0000001 microWatios/cm2 todavía se ha podido constatar un efecto fácilmente reproducible en un amplio rango de frecuencias. Si partimos de la base de que toda reacción produce un efecto de estrés, entonces resulta que incluso esta dosis de radiación tan mínima puede implicar ya un sobreesfuerzo del organismo, aunque la misma no produzca daños de forma inmediata.
Punto y seguido
Conforme al actual estado de conocimientos, hay que partir del hecho de que los efectos no-térmicos de CEM de alta frecuencia y pulsantes son perjudiciales para el ser humano. Esto es aplicable a la radiación de la telefonía móvil digital, que al parecer es especialmente efectiva a nivel biológico.
Los estudios epidemiológicos relativos a cáncer y sistema inmunitario, actividad cerebral y modificaciones del comportamiento nos indican que los efectos no-térmicos pueden muy bien manifestarse como daños en la salud, aunque se dieran en determinadas y concretas "ventanas" de frecuencia y amplitud moduladas, es imperativamente necesario aclarar cuales sean las "ventanas", con el fin de evitar las correspondientes frecuencias de modulación en la tecnología de telecomunicaciones.
Según un estudio australiano financiado por Telstra (antes llamada Telecom Australia), los ratones expuestos a una radiación de microondas como la que emiten los teléfonos móviles digitales GSM, desarrollaron el doble de linfomas que el grupo de control.
El estudio australiano es el segundo que demuestra actividad biológica producida por una señal de teléfono móvil. El año pasado, el Dr. Ross Adey del VA Hospital de Loma Linda, California, anunció que una señal parece tener un efecto de cáncer para los ratones expuestos. Cuando Adey repitió el experimento usando una señal copiada de un teléfono analógico, el cual no es pulsante, no se produjo ningún efecto. Esto nos indica que es precisamente la digitalización del sistema el principal agente nocivo y a diferencia de los teléfonos móviles analógicos, los modelos digitales GSM, usan señales pulsantes. Por ello, Adey declaró en una entrevista: "Parece que ahora tenemos dos efectos no-térmicos, los dos conectados con campos pulsantes, y una vez más tenemos que investigar la posibilidad de que sea la modulación de baja frecuencia el elemento esencial en el efecto observado".
En 1995 el Ministerio de Salud alemán prohibió el uso de portátiles en las consultas médicas y en los hospitales, y en EE.UU. está vedada su utilización en dependencias públicas. Así mismo, en varios países europeos ya se han tomado diversas medidas y se ha negado la instalación de las antenas en las consultas médicas y centros de salud.
La Comisión Europea ha destinado ante la preocupación de los efectos de los teléfonos portátiles tres mil millones de pesetas con el fin de elaborar un estudio para determinar las repercusiones de los teléfonos móviles sobre la salud.
Las companías de seguros, bien pragmáticas defendiendo sus intereses, hace tiempo que son conscientes de los riesgos de las radiaciones electromagnéticas. Por ejemplo, la Companía de Seguros Allianz manifiesta: "desde 1993 en la industria excluimos la cobertura del riesgo por radiaciones electromagnéticas", no quieren arriesgarse a futuras reclamaciones por daños en la salud tal como sucede con las compañías tabaqueras.
Y mientras, en España, la Comisión de Sanidad del Congreso rechazó, por 21 votos en contra y 15 a favor, una proposición no de ley por la que se instaba al gobierno a iniciar estudios para comprobar los efectos nocivos de la radiación procedente de las antenas de telefonía móvil, con el peregrino argumento de que no estaba demostrado el riesgo; obviamente pues para comprobarlo se planteaba este estudio, pues si estuviera demostrado no haría falta hacerlo, simplemente habría que quitarlas. Así múltiples movimientos ciudadanos surgen por toda la península negándose a vivir cerca de estas antenas. En Olmedo (Valladolid) 200 personas se manifestaron en contra de una antena logrando que se retirara del casco urbano. Otras muchas comunidades de vecinos como la del número 13 de la calle Gernikako Arbola, en el barrio vitoriano de Ipar Arriaga, han rechazado la millonaria oferta de las compañías de telefonía y se han negado a que la compañía Telefónica Servicios Móviles instalara una base de antenas para teléfonos portátiles.
 

Raúl de la Rosa

Revista Invierno 1999

 

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