El
cuerpo cuenta una historia
El cuerpo nunca miente, ya que su forma
refleja quiénes somos por dentro. Si llevamos la
cabeza baja, tenemos los hombros encogidos, el
pecho cerrado y los pies pesados, todo ello puede
mostrar sentimientos de debilidad y resignación.
Por el contrario, si portamos la cabeza erguida, los
hombros abiertos, respiramos con facilidad y
caminamos con paso ligero, todo ello indicará
confianza y vitalidad. El modo en que nos presen-tamos
ante el mundo está condicionado por nues-tras
creencias, miedos y emociones, y los tejidos
corporales mismos adoptan una forma determina-da
para apoyar este estado mental.
Tanto nuestros traumas físicos y psicológicos,
y nuestras experiencias, como nuestros pensa-mientos
y sentimientos más profundos y nuestro
carácter se manifiestan en el modo en que nues-tros
cuerpos adoptan patrones estructurales. Tal y
como Marilyn Ferguson señala, «a lo largo de los
años nuestros cuerpos se convierten en autobio-grafías
andantes que hablan, tanto a extraños
como a amigos, de las cargas y tensiones de nues-tras
vidas». Las improntas de cualquier experiencia
abrumadora permanecen contenidas en el cuerpo
como inercia, que queda fijada por la imposibilidad
de acceder a los recursos que nos liberarían de
ellas, afectando la capacidad del cuerpo de expresar
su salud intrínseca.
¿Cómo se introduce la infelicidad
en la célula?
Cada vez es más ampliamente aceptado el
hecho de que los pensamientos y sentimientos tie-
nen una relación directa con el cuerpo. En el
nuevo campo de la psico-neuro-inmunología se
han descubierto una serie de mecanismos corpora-les
a través de los cuales se establecen estas cone-xiones.
Por ejemplo, ha sido descubierta una rela-ción
entre nuestros estados psicológicos y el modo
en que se activa nuestra respuesta inmunológica.
Actualmente se sabe que existen una serie de
mecanismos de feedback que traducen experien-cias
psicológicas en funcionamientos físicos.
Una investigación realizada por el Dr. Pritbin
en la Universidad de Stanford demuestra cómo
patrones habituales de pensamiento pueden crear
surcos neurales en el córtex del cerebro. Los patro-nes
mentales se convierten literalmente en surcos
anatómicos en el cerebro, que influencian el modo
en que el sistema nervioso central expresa su moti-lidad
y, de esta manera, afectan al movimiento de los tejidos y fluidos
relacionados con él. En mi
experiencia, una mente abierta se refleja en una
cabeza «abierta»; es decir, una cabeza relativamen-te
libre de resistencias a la expresión del movi-miento
respiratorio primario. A menudo he perci-bido
como una estrechez y cerrazón dentro del
cráneo y de las expresiones faciales formaban parte
de una actitud estrecha de un individuo de mente
cerrada. Según un viejo proverbio africano, «Todo
lo que hay en el corazón, se refleja en la cara».
El reflejo en las mareas
En un nivel profundo de funcionamiento, las
expresiones rítmicas del Aliento de Vida son un
barómetro claro y preciso de nuestros procesos
mentales y emocionales. De este modo, percibire-mos
que la cualidad de las fases del movimiento
respiratorio primario es clara, vital y suave cuando
están presentes la alegría, serenidad y felicidad.
Por el contrario, cuando hay tristeza, miedo o
desaliento, la respiración primaria muestra restric-ciones,
debilidad o estancamiento. Una falta de
confianza se puede manifestar como vacilación, y
la ansiedad como temblor. Algunos terapeutas
establecen incluso una correspondencia entre los
estados mentales y emocionales y el modo en que
el movimiento craneosacral expresa sus ciclos rít-micos
de flexión y extensión. La flexión craneosa-cral
(con la expansión de lado a lado) se puede aso-ciar
con la acción y la extroversión, mientras que
la fase de extensión corresponde a la pasividad e
introversión. Dependiendo de cómo han sido crea-do
los patrones inerciales en los tejidos del cuerpo,
la persona podrá tener una estructura predomi-nantemente
en flexión o en extensión. A su vez,
esta predominancia del movimiento craneosacral
hacia la flexión o la extensión puede estar asociada
con estados mentales. De todos modos, estas cuali-dades
de movimiento son generalizaciones que no
siempre se aplican a cada caso particular.
Feedback circular
La fragmentación del movimiento respiratorio
primario se correlaciona con una fragmentación
del funcionamiento de la totalidad de la persona.
Los patrones fisiológicos y las experiencias emo-cionales
se perpetúan mutuamente. La influencia
de la mente en la materia y de la materia en la
mente parece ser un sistema de feedback circular,
en el cual cada uno afecta al otro. A medida que
encarnamos las experiencias psicológicas, los
patrones corporales fijados influencian nuestra
experiencia. Lo que denominamos conciencia y
nuestra expresión física son un continuo. Cuando
nuestro continuo mente-cuerpo-emoción se alinea
armoniosamente, el Aliento de Vida se manifiesta
con integridad y equilibrio.
Experiencia emocional
Las lesiones físicas pueden estar asociadas con
emociones particulares. Si los tejidos se contraen
para protegernos de la tensión o el trauma, los sen-timientos
que tenemos en ese momento pueden
permanecer como elemento presente en la con-tracción.
Las emociones fuertes y poderosas como
el terror o la desesperanza contribuyen en el desa-rrollo
de la inercia. La impronta de una emoción a
menudo juega un papel significativo en el mante-nimiento
de un patrón inercial. De este modo, un
fulcro puede incluir tejidos, fluidos y potencias que
se han vuelto inerciales y contener, al mismo tiem-po,
emociones, sentimientos, creencias y puntos
de vista que han quedado igualmente atrapados.
Experiencias congeladas
Aunque es natural e inevitable
experimentar
sufrimiento en nuestras vidas, este puede quedar
atrapado en el cuerpo y continuar mostrándose en
ciclos repetitivos como experiencias congeladas, si
no somos capaces de liberarnos de ellas. De este
modo, cargamos con nuestras experiencias físicas
y emocionales como si fuera un equipaje extra que
formara parte intrínseca de nuestras vidas. Esto, a
menudo, ocurre a nivel inconsciente.
Cualquier tensión nueva que tengamos que
enfrentar se verá coloreada por nuestro condicio-namiento
previo. Como es bien sabido, vemos el
mundo según el color de las gafas con las que lo
estamos mirando. Por ello nuestras respuestas
ante situaciones nuevas parecerán un disco ralla-do,
que sigue reacciones preestablecidas que nos
mantienen atrapados en el pasado en lugar de per-manecer
abiertos y movernos en el presente. Como
consecuencia de ello, la expresión de nuestra
matriz original de salud se verá fragmentada.
Reacciones desmedidas
En ocasiones, nuestros traumas previos se ven
reestimulados con un mínimo de provocación. Si
existe demasiada energía o potencia acumuladas
detrás de un patrón inercial, nuestras reacciones
serán muy poderosas. Si además existen emocio-nes
intensas asociadas a este patrón, nuestra res-puesta
podrá ser como la de una bomba de reloje-ría
preparada para estallar en cualquier momento.
De este modo, al reestimular viejos traumas, nues-tras
reacciones emocionales pueden ser desmedi-das
y desproporcionadas. Los casos de extrema
sensibilidad y frecuentes estallidos emocionales
son buenos ejemplos de ello.
El papel del tejido conjuntivo
Aunque la inercia psicológica se puede mani-festar
en cualquier parte del cuerpo, parece que el
tejido conjuntivo juega un papel especialmente
importante en el almacenamiento de estas expe-riencias
como memorias tisurales. La intercone-xión
de fascias a lo largo del cuerpo ofrece a menu-do
un medio muy apropiado para el almacena-miento
de las energías emocionales atrapadas. Por
ejemplo, la rabia contenida puede manifestarse en
un diafragma restringido como tensión en el plexo
solar, que a su vez puede conducir a problemas
digestivos y dolor de espalda. La interconexión de
las fascias mantiene esta situación. Cuando se
accede a estados de equilibrio en los tejidos fascia-les,
las fuerzas inerciales que mantienen este tipo
de contracciones pueden resolverse.
Habitualmente, en este momento, las emociones
asociadas surgen a la superficie.
Las memorias de los tejidos
Para resumir, podemos decir que nuestras
emociones, actitudes y patrones de estructura y
función se reflejan, estimulan y mantienen entre
sí. Las experiencias emocionales y las creencias
psicológicas dan forma a los tejidos del cuerpo y
estos, a su vez, nos predisponen a expresar ciertas
emocionales y actitudes. El cuerpo y la mente se
sostienen mutuamente.
Cuando los pensamientos y emociones fluyen
libremente, nuestras experiencias pueden ir y
venir sin apegos. Sin embargo, las experiencias psi-cológicas
repetitivas o que nos sobrepasan pueden
volverse inerciales y, de este modo, almacenarse en
el cuerpo en forma de memoria en los tejidos.
Según Ken Dychtwald, el cuerpo se convierte en
«un almacén de emociones y creencias». Las fuer-zas
inerciales que quedan atrapadas pueden man-tener
las memorias en los tejidos mucho después
de que el suceso estresante haya ocurrido. De este
modo, las emociones siguen repitiéndose cíclica-mente
sin llegar a resolverse. Consecuentemente,
un fulcro inercial puede estar compuesto por una
serie de capas distintas: Contener una contracción
que afecta al movimiento de tejidos y fluidos, junto
con emociones asociadas que han quedado envuel-tas
en los tejidos y, a su vez, todo ello estar siendo
mantenido por fuerzas subyacentes que se han
vuelto inerciales.
A menudo las emociones y actitudes son los
elementos que juegan el papel más importante en
el mantenimiento de la inercia de los tejidos. Esta
inercia sólo se podrá disipar si encontramos los
recursos, el espacio y las habilidades para liberar
las experiencias atrapadas. El elemento fundamen-tal
del tratamiento craneosacral reside en crear las
condiciones que permitan soltar estas experien-cias.
Para ello, es fundamental acumular y favore-cer
la expresión de nuestros recursos intrínsecos.
Este proceso en ocasiones implica tomar concien-cia
de la emoción asociada con la inercia, pero no
siempre es necesario. Muchas veces, las cosas se
disuelven... si estamos preparados para ello. Por
otro lado, la recapitulación de las emociones trau-máticas,
en lugar de ser un acto terapéutico, puede
retraumatizarnos, si no tenemos los recursos para
revivir estas experiencias manteniendo un claro
sentido de nosotros mismos.
MICHAEL KERN es terapeuta Craneosacral,
Osteópata y Naturópata con consulta en Londres.
Es cofundador de la Craniosacral Therapy
Educational Trust (Fundación Educativa para la
Terapia Craneosacral) en Inglaterra, profesor del
Colegio de Osteópatas, de la Asociación Craneal
Internacional y de la Universidad de Westminster.
También imparte cursos de Terapia Craneosacral
en Estados Unidos, Suiza e Italia.