Nuestra manera de llegar a este mundo y relacionarnos con esa primera experiencia puede condicionar muchas de nuestras decisiones, de nuestras conclusiones y creencias acerca de la vida, de nosotros mismos y de las relaciones.
«Entrar a la vida al propio ritmo y dar la bienvenida a cada experiencia, aprendiendo a abrazarla en lugar de defenderse de ella o luchar».
Ese sería el ideal de cada vida humana, la pureza de existir, sin más. El fruto del proceso iniciático de una concepción, gestación y nacimiento envuelto en consideración, amor y acogida. El viaje del héroe que muestran las tradiciones más antiguas. Toda cultura y cada época diseña el nacimiento de sus descendientes según lo que la necesidad ha ido marcando. Una necesidad que es desde luego supervivencia, pero puede incluir también algo que va más allá de ésta.
En nuestro actual contexto, nuestra llegada a este mundo, aún en nacimientos aparentemente «normales», está impregnada de dolor, lu...Leer mas



